>Tercera Copa Davis para España

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Nuevamente debo comenzar rectificando. Si en la última entrada me cebé con la mala educación del público argentino, ayer su actuación volvió a ser ejemplar. Exceptuando un silbido durante el servicio de Verdasco al principio del partido (que debió de ser inmediatamente censurado por el resto de la hinchada, pues no volvió a repetirse), estuvieron increíblemente correctos todo el tiempo, guardando silencio durante los puntos (aunque a veces cantaran out antes de tiempo por eso de la emoción), coreando a su jugador entre punto y punto, entonando el mayor repertorio de canciones que he oído jamás, montando una auténtica fiesta… y todo ello sin que se produjera ningún altercado (lo mismo debo decir de los españoles, que hacían todo lo que podían a pesar de encontrarse en minoría). Lástima que al final su fiesta acabara en derrota, cosa de la que no puedo en realidad apenarme, puesto que yo iba con el equipo español, ayer en particular con el mejor Verdasco que he visto nunca en individuales.

Acasuso tuvo la desdicha de ser el jugador que perdiera la Davis para su país, pero a pesar de ello hay que reconocer el admirable esfuerzo y gran partido que hizo: jugó muy bien, imponiendo su derecha siempre que podía pero sin confiar en su revés, que sólo soltó en un par de ocasiones y que podía haber hecho mucho daño a Verdasco. Sin embargo no pudo definir pronto el partido, como era su intención, y dejó que se convirtiera en un de esos larguísimos a los que tan acostumbrados parecen estar los españoles, lo que hizo que ya en el último set estuviera sin fuerzas, mientras que Verdasco parecía como nuevo. Al acabar el partido se sintió obligado a pedir perdón a su público allí presente, cosa innecesaria, pues jugó increíblemente bien.

El único problema fue el tercer set, que resultó muy aburrido. Los dos jugadores parecían un manojo de nervios y ninguno era capaz de mantener su servicio, con una cantidad incontable de errores que volvió aquello aburrido y un poco absurdo. Aunque todos esos errores parecieron favorecer al argentino, que se puso por delante.

Después de aquello la cosa volvió a ponerse interesante y muy igualada en el cuarto, que se llevó Verdasco, provocando el agotamiento físico y mental de Acasuso, que ya lo creía ganado en el cuarto.

Una final muy igualada, emocionante y, sobre todo, inesperada, en la que se impuso al equipo principal de Argentina los que ellos habían llamado el “plan B” de España, pues faltaban Nadal, Robredo y Almagro. Sorprendente.
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