>Chino americano

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GENE LUEN YANG, Chino americano

“Como asiático americano, Chino americano es le libro que he estado esperando toda mi vida”. – Derek Kirk Kim

Esta es la frase con la que Chino americano se publicita en sus tapas, y resulta a todas luces exagerada. Bien es cierto que la novela gráfica tiene una serie de guiños que sólo serán comprendidos por aquellos lectores que tengan ciertos conocimientos de la cultura china, pero el asunto no pasa de ahí: una serie de guiños. Dichos guiños se limitan a la insistente repetición de un sello en todas sus páginas y a una reelaboración chistosa del Viaje al Oeste (de verdad tiene gracia si se conoce la referencia original). La aparición del sello imperial me parece interesante, aunque también excesiva, no creo que fuera necesario que apareciera en todas y cada una de las páginas. Este sello resalta la importancia de un relato que parece intrascendente a lo largo de su desarrollo, hasta que llegamos al final y todo cobra sentido.

La novela está compuesta de tres historia separadas que confluyen al final para dar unidad al conjunto y, como en toda buena historia de aprendizaje, conformar una moraleja final. Además, las tres historias se van mezclando de manera en apariencia caótica, pero bastante ordenada una vez que puede verse con la perspectiva necesaria que ofrece el disponer de todas las piezas. La primera de ellas es una reelaboración aún más cómica que la original del Viaje al Oeste. La segunda, la historia de un chico asiático que trata de integrarse en su colegio de los Estados Unidos. La tercera cuenta cómo la vida de un estudiante popular se va al traste con la visita de un pariente suyo chino, que hace que todos empiecen a verlo como un bicho raro. Todos reconoceremos a este pariente como al chino idiota de las antiguas comedias americanas, cuyo único cometido era meter la pata y decir frases absurdas. Aquí su papel se repite a la perfección, pero va más allá, pues él se revelará como verdadero protagonista de todo el conjunto, como la única voz auténtica dentro de todo ese teatro de apariencias que se ha ido formando para no ser quienes realmente somos y formar parte de aquello que consideramos mejor que nosotros.

Es en este punto donde Chino americano se convierte en un viaje opuesto al que nos ofrecía Viaje al Oeste. Si en este último el viaje iniciado tenía por objeto que sus protagonistas mejoraran personalmente, en Chino americano les lleva a perder su propia personalidad por la ilusión de un mundo de apariencias.

Quizá el mayor defecto de Chino americano sea limitar este dilema moral a la conservación de las propias raíces, en lugar de ampliarlo a la autoafirmación que todos necesitamos, vivamos o no lejos de nuestro ambiente natal.

Una buena historia para cualquiera que disponga de media hora libre, aunque de una elaboración un tanto infantil (tanto por el dibujo como por su desarrollo), teniendo en cuenta las referencia adultas que utiliza.

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