La gobernación y administración de China

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XI JINPING, La gobernación y administración de China

La verdad es que no ha habido grandes sorpresas en la lectura del libro de Xi Jinping: frases extraídas de los textos chinos cuya aplicación real a la política actual nunca llega a desarrollarse en ninguno de los discursos, una forma de etérea propia de quienes no tienen nada sólido que decir y un buenismo exagerado que presenta a China como un país que parece que jamás hubiera tenido ningún conflicto generado por él mismo y que lo convierte en adalid de la paz y en el amigo dispuesto a llevar al planeta al desarrollo. Un discurso, en definitiva, que funciona en China pero no en el exterior, donde tendemos a, de entrada, poner en duda cualquier cosa que salga de la boca de un político, y no a verlos como a maestros de los que hay que aprender, situación ésta más próxima a lo que sucede en China.

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En general todo en los discursos de Xi JInping son buenas palabras (y de atenernos a ellas, sería sin duda el mejor presidente del mundo, el más humano, el más preocupado por sus conciudadanos y el más atento y agradecido con los demás países), pero jamás baja al terreno de la práctica, todo es muy teórico y puede significar muchas cosas sin concretar nunca ninguna (y en comparación todos los partidos políticos en España concretan al máximo, desde el mentiroso PP hasta el muy difuso Podemos). Es como si un día entrara el jefe a la oficina y dijera: “Como sabéis, la situación en el mercado no es buena, pero nosotros somos una empresa fuerte y unida que nunca dará de lado a ninguno de sus miembros productivos, aunaremos esfuerzos para protegerlos a todos y tratar de mejorar siempre su situación. Por eso debemos esforzarnos ahora más que nunca, porque nuestro futuro es prometedor y debemos estar unidos para llegar a él todos juntos”. A partir de ahí, esto puede querer decir que todos van a ver reducidos su sueldo por el mejor funcionamiento de la empresa, o que habrá que hacer horas extras que nadie pagará, o que no se admitirán discrepancias con el jefe porque eso significa que no estás dispuesto a apoyar a tu familia empresarial, o que hay que asumir nuevas responsabilidades sin ningún tipo de nueva gratificación… Las posibilidades son inmensas, pero ese es el tipo de retórica que utiliza, no sólo Xi Jinping, sino los políticos chinos en su conjunto.

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No voy a ponerme a criticar su discurso, pues creo que no estoy de acuerdo con ninguno de sus puntos, pues todos ellos ocultan algo que no mencionan, y supondría criticar la política china en su conjunto. Les dejo algunos de ellos, tal como están expresados, para que sean ustedes mismos, si quieren, quienes decidan cuáles son esas partes que se ocultan tras cada uno.

El partido y sus miembros han sido elegidos por el pueblo y por lo tanto debe trabajar para el pueblo, haciendo siempre lo mejor para este. Deben enseñarse los valores del socialismo con peculiaridades chinas desde la infancia para que la persona no crezca desviada; de pequeños no los entienden, así que tendrán que memorizarlos, y conforme ganen en experiencia en la vida irán comprendiendo lo que habían memorizado de niños. China no crece apoyándose injustamente en otros países, sino junto con ellos, siguiendo un camino en el que todos juntos se desarrollan. Internet debe estar protegido, porque si la red no es segura la patria tampoco puede serlo. Los chinos deben seguir el camino de estudiar de manera patriótica en el extranjero, para luego llevar de vuelta esos conocimientos adquiridos a la patria. La parte continental de China (sic) y Taiwán deben trabajar unidos por el bien común de la nación china de la que todos forman parte.

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Pero lo más interesante del libro son las fotos de Xi Jinping que lo acompañan, pues a mi modo de ver dicen más que todos sus discursos juntos. Y de entre ellas, creo que las más interesantes son las primeras, las que se encuentran tras el sumario, las cuatro primeras, las que muestran a un Xi Jinping todavía joven.

La primera fotografía, en blanco y negro, muestra a un Xi Jinping muy joven, en 1972, con ropas sencillas y un bolso al hombro. Mira a la cámara como miran los jóvenes, con ganas de avanzar, y muestra una sonrisa auténtica que ya no vamos a poder volver a apreciar en todo el libro. No sólo parece un joven simpático, sino que dan ganas de confiar en él. Si este chico emprendiera cualquier tarea, de seguro muchos lo seguirían, casi puedo asegurar que yo lo seguiría, porque muestra la actitud de alguien convencido de su tarea y que anima a uno a trabajar con él. Su actitud es desenfadada y no se encuentra firme para salir bien en la foto, sino que parece algo improvisado, lo que aumenta la confianza en él y casi provoca ganas de conocerlo para ser su amigo. Es sin duda una imagen llena de posibilidades, mi favorita de todo el libro, la que muestra el momento en el que todavía todo está por llegar y el camino puede ser magnífico, con múltiples oportunidades para hacer demasiadas cosas (y se le adivina la energía para hacerlas) y capacidad para animar a la gente a unirse a él a su paso. No parece un futuro presidente, pero sí un presente con ganas de fabricarse un futuro. Es por eso que contrasta tanto con lo que vendrá después, unas fotos de un Xi Jinping ya adulto en las que no logro ver nada más allá que otro chino acomodado en una situación sostenida tan sólo por consignas, o en las actuales, donde ya sólo puedo ver fachada y la persona prometedora del principio se ha diluido por completo.

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Las fotos segunda y tercera, a pesar de ser ya fotos de estudio con un fin exhibitorio, muestran a alguien que todavía conserva una expresión sincera, ya más estudiada pero sincera. En la primera mira al infinito con un compañero de la universidad, también con ropa informal aunque ahora ya evidencia ser un uniforme, las manos con los dedos entrelazados en una actitud de reposo pero con un pie adelantado que muestra un calzado sencillo (todo en la vestimenta lo equipara al pueblo), mientras es arropado por su compañero, que le pone la mano en el hombro como protección y apoyo. Sin duda se trata de alguien que ya ha empezado a destacar, y él lo sabe, pero que parece prestarse a la composición fotográfica como un trámite, con la mente puesta en cosas más elevadas. Algo que sigue presente en la siguiente foto de orla, donde aparece perfectamente vestido y peinado (parece que ha ascendido), y donde aún puede apreciarse ese futuro prometedor en su mirada.

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Han pasado ya cuatro años desde la foto de orla en la siguiente imagen, que ya es en color, y esa mirada y esa media sonrisa que antes embaucaban por su sinceridad se han convertido en algo estudiado, los sueños de futuro parecen haberse cambiado por un trabajo concreto. Este joven ya está desempeñando un papel. Su ropa está perfectamente estudiada para parecer alguien importante, con su camisa clara, su corbata y su peinado perfecto, pero al mismo tiempo alguien de la comunidad, con su chaqueta de trabajo, muy similar a la que otro chico lleva a su espalda. Mientras una anciana le cuenta algo, él se inclina para así escucharla mejor mientras sonríe aprobatoriamente y mira al infinito como meditando las palabras de la anciana como debe hacer un cargo dirigente siempre que el pueblo comparte con él sus cuitas. Aún transmite ese deseo de trabajar, pero todo se ha vuelto demasiado estudiado, ya no es esa persona a la que uno seguiría sino el político en ciernes al que han enseñado cómo actuar.

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Tras esto llegan las fotos de un Xi adulto que parece ya satisfecho de sí mismo, ha perdido las ganas de buscar un futuro, y si las conserva ya no lo aparenta. Los ojos vivos de antes ya no lo parecen tanto. Aparenta ser un hombre de negocios al que las cosas le van bien y eso ya es suficiente: su actitud recuerda a la de quien lleva a cabo sus negocios (sean estos personales o políticos, poco importa), y se siente satisfecho cuando cumple con su agenda. En eso consiste su labor y eso es suficiente. Son tres fotos, las que siguen, que parecen hechas porque tocaba hacerlas, falsas en la actitud y falsas en la situación. En la primera de ellas se lo ve probablemente sobre una embarcación en un río navegable, con un fondo nada atractivo a sus espaldas, pero del que él parece sentirse orgulloso. En la segunda lo vemos azada al hombre yendo al campo, con unos cuantos campesinos tras él que lo siguen a distancia, haciendo de líder, pero su actitud es impostada, su ropa no es para nada adecuada para las labores del campo y resulta poco creíble que vaya a ponerse a trabajar al llegar al final del camino. Lo que se ve de forma mucho más exagerada en la tercera, en la que maneja una pala y no podemos dejar de observar algo raro tanto en él como en el otro hombre que también está en primer término en la foto. Se trata de sus zapatos negros limpísimos y su ropa impecablemente planchada, ni lo uno ni lo otro han pasado por las vicisitudes de un día de trabajo en el campo. Sólo están posando en una falsa actitud de trabajo, algo que jamás habría podido pensar viendo al joven de la primera foto del libro.

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Tras esto ya llegan las fotos del presidente o futuro presidente Xi, que podrían resumirse bajo el mismo epígrafe: actuación. Todo es impostado, nada es real, hasta el punto de ser todas iguales. En todas aparece haciendo lo que se supone que debe hacer. Ni sabemos ni podemos saber cómo es este hombre, pues no hay naturalidad en ninguno de sus actos. Tras ver estas fotos cobra más fuerza la idea de lo que pudo ser, pues ahora tenemos plena constancia de que nunca fue. El hombre ha llegado al nivel más alto al que podía haber llegado, pero el soñador que vislumbrábamos en las fotos de juventud parece haberse perdido para siempre. Nunca sabremos si Xi Jinping podría haber sido un buen presidente para su país (personalmente creo que es una de las peores cosas que le podría haber pasado a China) pero, al menos en un principio, sí que aparentaba que podía serlo. Aquel joven que daba la sensación de que iba a ir siempre hacia adelante, ha supuesto (y expreso sólo mi opinión personal) un enorme paso atrás para un país que alardea de una cultura milenaria que la mayoría de su población desconoce (porque repetir ritos y lugares comunes no es conocer la propia cultura) y que parece empeñado en no dejarla evolucionar.

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