Nueve semanas y media

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ELIZABETH McNEILL, Nueve semanas y media

Libro entregado con El País el 12 de abril de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Nunca vi la película protagonizada por Kim Basinger y el guaperas que se ha vuelto feo, así que nada sabía de la historia que cuenta, mucho menos que fuera de temática de dominación sexual. Pero el caso es que más allá de eso (y me parece bien poco) poco o nada tiene de interés esta novela, que no pasa de ser un intento de émulo de Historia de O, incluso menciona la novela francesa en una ocasión a mitad de la historia.

Una mujer conoce a un hombre rico e inmediatamente se muda a su casa. Él la mantiene y le da todo lo que ella pueda necesitar (incluso alguna que otra cosa que como mínimo puede resultar escabrosa), pero poco a poco (en realidad no tan poco a poco, pues queda bien claro que toda esta “historia de amor” dura exactamente nueve semanas y media) su relación va volviéndose un tanto peculiar. Él se revela un amo que va dominándola, primero psicológicamente, para someterla después a una serie de castigos físicos, aunque es la tortura psicológica la que predomina. La voluntad de la mujer está a su disposición, hasta el punto de que, cuando ella no quiere hacer algo que él le pide, sencillamente la amenaza con echarla, y eso basta para que ella acceda.

Pero, a diferencia de Historia de O, no puede apreciarse aquí cómo la protagonista va adentrándose poco a poco en ese mundo, sino que de repente está ahí, y al lector no le queda más remedio que tragar con ello. La autora nos pasa esto como relato autobiográfico, algo que, la verdad, cuesta bastante de creer. Todo está contado sin entusiasmo ni dedicación, un puñado de frases cortas que no parecen tener otro objetivo que hacernos esperar hasta la siguiente escena sexual, resuelta siempre con la misma frialdad, lo que la convierte en una lectura mecánica, un mero transcurrir de páginas sin ningún interés. Incluso las escenas “truculentas”, destinadas a captar la morbosidad del lector, resultarían cómicas de no ser por lo desconcertantes. Les dejo un ejemplo: “Me compraba los tampones, me los insertaba y los sacaba. La primera vez, al verme estupefacta, dijo: –Yo te como mientras tienes la menstruación, y a los dos nos gusta. No es distinto”.

La historia termina de repente, con un: “Al día siguiente inicié un tratamiento que duró varios meses. No he vuelto a verle”. Como si no hiciera falta terminarla: Ya he llenado más de 100 páginas, así que esto ya puede considerarse una novela; además, he metido unas cuantas escenas de sexo, así que ya puedo venderla como erótica, y algunas de ellas son así como sado y tal, así que mi novela es subversiva, que eso siempre tira mucho. Me imagino a la autora pensando algo parecido. En definitiva, las 50 sombras de Grey de los años 80.

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