Tinieblas para mirar

TinieblasD

TOMÁS ELOY MARTÍNEZ, Tinieblas para mirar

Tomás Eloy Martínez es otro de esos escritores a los que conozco tarde, tanto que este es el primero de sus libros que me echo a la vista, y que no sólo me llega después de su muerte, sino que además se trata de un libro póstumo. Oí hablar por primera vez de él cuando se publicó en España El vuelo de la reina, en mi época universitaria, y ya desde entonces me llamó la atención y quise leerlo, pero como nos sucede tantas veces, antes de echarle el guante llegaron otras lecturas que, consciente o inconscientemente, coloqué por delante y que colocaron al argentino en la lista de los autores permanentemente pendientes (en la que tengo a demasiados que se me van amontonando, como Ellroy, Coetzee, Ōe, Mo Yan…, tantos que ya no sé cómo acometerlos).

Ya en la nota preliminar se avisa de que el volumen de relatos que tenemos entre manos no es algo ideado por el propio Eloy Martínez, y eso queda patente en la poca unidad del conjunto. No en su calidad, pero sí que es verdad que los relatos no parecen recorrer todos ellos el mismo camino, el libro actúa más bien a modo de volumen recopilatorio que como algo pensado para ir junto bajo el mismo título. Aunque quizá algo pueda tener que ver en eso en gran lapso en el que los cuentos fueron escritos, más de 50 años, que se dice pronto.

Pero sí hay una cosa común a todos ellos, aunque sea un rasgo más de estilo que temático, y es el elemento mágico que cruza todas las historias, y que convierte historias casi épicas y otras que no son más que pequeños retazos de vidas en algo fuera de lo cotidiano, algo capaz de extrañarnos y atraernos al mismo tiempo.

Pero si hay un relato que a mí me ha llamado la atención especialmente ha sido Vida de genio. No es que sea el mejor de la colección, pero qué quieren que les diga, debo de tener algún defecto genético o algo así que hace que las historias de tema literario me lleguen especialmente. Aquí un absoluto genio literario (un genio literario que no está exento de un humor bastante ácido), queda convertido en un menor de edad eterno, en los brazos de su madre, preocupados ambos tan sólo por su genio creativo, hasta que a la muerte de ésta él ni tan siquiera sabe cómo vivir sólo, por lo que acaba suicidándose a una temprana edad. Y, para rizar aún más el rizo, al cambiar la moda literaria, sus escritos, que pertenecían a la moda anterior, son rápidamente olvidados, quedando para la posteridad la madre por su método para educar el genio.

Las posibilidades apenas esbozadas de este cuento dan para tanto que podrían haber generado una novela de cientos de páginas (con mucho menos que contar he visto tochos de más de 500 páginas). Todo en ello es sólo apuntado y apenas desarrollado: nuestra relación con el mundo, la dependencia de los demás, la genialidad frente a la apariencia, el objetivo en la vida, la posteridad… Y quizá sea por eso por lo que el cuento resulta tan estimulante. Personalmente, cuando el protagonista escribe su novela de 200 páginas sólo con la letra “a”, que todos los críticos ensalzan, no he podido evitar pensar en cosas tan insoportables como La caverna de Saramago o Cristo versus Arizona de Cela.

El tomo es muy breve, 115 páginas, algo que podríamos leernos en una tarde tonta, aunque recomiendo espaciar la lectura de los cuentos, merendarnos uno al día, que la rápida lectura del siguiente no apague tan rápido las fantasías del anterior.

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