El juego del ángel

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CARLOS RUIZ ZAFÓN, El juego del ángel

La impresión que me ha dejado El juego del ángel es muy parecida a la que en su día me dejó La sombra del viento. Lo cierto es que no encuentro grandes diferencias entre ambas novelas. Las dos nos ofrecen una historia de la que no puede negarse que esté bien contada, las dos tienen ese toque fantástico que no termina de concordar demasiado bien con la historia entre detectivesca y costumbrista, las dos tienen personajes bastante planos, arrastrados por cierto afán de que la mitad de las frases que pronuncien sean demoledoras, y las dos dan la sensación de ser novelas juveniles aderezadas con una escena de sexo y algo de violencia que las catapulte al terreno de los adultos.

Con esto que acabo de escribir parece que no recomiende su lectura, pero nada más lejos de la realidad. Si cuando leí La sombra del viento afirmé que se trataba de una novela mucho más interesante que la mayoría de a las que el mercado nos tiene acostumbrados, lo mismo debo decir de esta segunda parte (algún día leeré también las novelas juveniles de Ruiz Zafón, pues con lo que he visto en estas dos creo que hay posibilidades de que sean muy interesantes, y confieso mi debilidad por la literatura infantil), pero recordando mis palabras de hace unos días: tenemos que tener en cuenta lo que estamos leyendo, y esto no es el Quijote.

La novela trata sobre la vida de Daniel Martín, un niño obsesionado con los libros pero cuyo padre, que nunca recibió una educación pero sí bastantes palos por parte de la vida, no quiere que los lea, pues tan sólo ve en ellos fantasías que lo único que pueden ofrecer a alguien de su condición es sufrimiento. Al hacerse adulto, Daniel se convertirá en novelista, aunque nadie lo reconocerá por sus novelas de mayor éxito al estar todas ellas firmadas con un pseudónimo. Entonces un extraño personaje le encargará escribir los textos sagrados de una religión. Durante su trabajo, Daniel descubrirá que no es la primera vez que alguien recibe este encargo, pues hace años otra persona también lo recibió, y entonces todo terminó en una serie de crímenes. Las cosas no son diferentes esta vez, y Daniel se ve envuelto en una conspiración salpicada de cadáveres de la que deberá encontrar una salida.

La historia parece interesante y en realidad lo es. Es una de esas novelas en las que una vez que has leído la primera página estás perdido, pues ya no puedes abandonarla hasta llegar al último punto, y eso es algo que tiene un increíble mérito. Les adelanto que esta es una experiencia que yo sólo he vivido con Dumas, y que con Ruiz Zafón casi he revivido. Las pistas del misterio van deslizándose por las páginas, sin trampas, para ser recogidas después por el narrador y dar sentido a lo que hemos leído. Sólo hay una trampa en la composición policíaca, y se trata del elemento fantástico de la novela. Un elemento que también aparecía en la novela anterior aunque en menor medida. Y es que en medio de esta historia que comienza como un relato de época y continúa como uno policíaco, los milagros, los espíritus y la inmortalidad, que también forman parte de la novela, no encajan demasiado bien. Por no hablar del cementerio de los libros olvidados, metido aquí porque se supone que es el nexo de unión de las tres novelas que conforman la trilogía, pero que en realidad no aporta nada a la historia, y podríamos haber pasado perfectamente sin su inclusión.

El otro punto flaco de la novela son sus diálogos. Zafón parece empeñado en que todos y cada uno de sus personajes tengan un lado misterioso, y constantemente nos pone frente a diálogos llenos de frases lapidarias, sentencias con segundas intenciones. Todos parecen necesitar tener un pasado misterioso al que referirse sólo en alusiones, incluso el protagonista, del que en realidad conocemos toda su vida. Está bien que alguno de los personajes sea así pero… ¿todos?

Pero estos dos pequeños defectos no la hacen desmerecer en absoluto. Estamos ante una novela perfecta para disfrutar de nuestro tiempo libre, que nos atrapará sin mucho esfuerzo y que casi lamentaremos que termine. Una opción mucho mejor que la de la horrible oferta de bestselles de estos tres últimos años, que no son más que pornografía para todas las edades.

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