Tercera parte de La vida del gran tacaño

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VICENTE ALEMANY, Tercera parte de La vida del gran tacaño

Cuando Pablos, al final de El buscón, cuenta que se embarcó para Indias y que una vez allí “fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”, algunos nos quedamos con las ganas de saber qué era lo que le iba a ocurrir al pícaro en América, tras un final tan inusitadamente abierto para la literatura del siglo XVII, no digamos ya para la novela picaresca en cuyo número se incluyen las aventuras de este segoviano. Quevedo no nos sacaría de dudas, pues nunca escribió continuación alguna de sus desventuras pero, aunque hoy en día, al menos en literatura, está en cierto modo mal visto tomar personajes ajenos para escribir sobre ello (no fue poco lo que llovió sobre Isabel Allende cuando escribió sobre el Zorro), esto no siempre ha sido así, y tenemos variados casos a lo largo de la historia, siendo quizá el más notable el de la segunda parte de El Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda.

Así pues, más o menos un siglo después de publicada la Historia de la vida del buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, Vicente Alemany nos trae la esperada continuación. Y se esfuerza en que realmente continúe a la novela original, no sólo tomando a su pícaro protagonista, sino también tratando de imitar el modo de escribir de Quevedo (o más bien del barroco), y haciendo múltiples referencias a situaciones vividas antes por el protagonista en la anterior novela. Aunque si bien Pablos sigue siendo un pícaro movido por las mismas ambiciones que antes y todas esas referencias despiertan nuestra nostalgia del libro original y nos ayudan a situarlo, la imitación del lenguaje, aún siendo buena, no es tan efectiva. La particularidad del libro de Quevedo era una deformación tan intensa y tan continuada de la realidad que nos desconectaba de ella y nos mantenía en una constante carcajada cruel sobre todo lo que allí sucedía. Alemany hace uso de los juegos de palabras que abundaban en el Buscón, e incluso maneja algunas metáforas que buscan con bastante acierto pasar por conceptistas, pero le falta la densidad de Quevedo, capaz de calzar un chiste sobre otro dentro de complicados juegos conceptuales y de palabras, de forma que antes de acabar uno ya está comenzando el siguiente, y así durante toda la novela.

Por otro lado, la intencionalidad de Quevedo no era en absoluto moralizante, sino que debemos tomar El buscón como un juego que busca sólo conseguir la risa, y para hacerlo se basa en una cruel deformación de la realidad. En otras palabras, Quevedo no denuncia, sólo castiga la realidad y la deforma sometiéndola a su juego para provocar la carcajada. Quizá la última frase de su novela sea la única moralizante que podamos encontrar en ella. La intencionalidad de Alemany es principalmente de denuncia, y en ningún momento, aunque pueda parecernos lo contrario, exagera el mundo, sino que expone las cosas tal cual suelen suceder para denunciarlas. Mientras Quevedo trabaja con tópicos al gusto, Alemany sabe perfectamente cómo funciona la sociedad y la política en Indias y en Filipinas y lo describe al detalle para aviso de sus lectores, que más que reírse de las desdichas del pobre Pablos, quedan asombrados ante la serie de desmanes que allí se producen, recuperando así finalidad original de la novela picaresca de servir de crítica social mediante la muestra de aquellos ejemplos que no deben seguirse.

Y esa resulta ser una de las cosas más interesantes de la novela: Alemany conoce de primera mano y al detalle cómo eran las cosas en las Filipinas, y aunque esa no sea un problemática actual del país (no del mismo país que entonces, al menos), sí que supone la exposición de una situación capaz de desbordar la imaginación del lector, por el enfoque que tiene casi de novela de aventuras.

Respecto a la edición que yo he leído (la de la foto), me parece bastante poco acertada, pues viene camuflada bajo el aspecto de ser algún tipo de estudio, y nada más lejos de la realidad. Además, en su portada prescinde totalmente de la información de la novela que edita, y aparece publicada como un anejo de la revista de investigación literaria sobre el Siglo de Oro La Perinola, lo que me hace pensar que en EUNSA querían que sólo el grupo de investigadores del GRISO le echara un vistazo, nada de lectores potenciales, ya saben, no está hecha la miel para la boca del asno. Personalmente creo que EUNSA podía haberse esforzado un poquito más en presentar la novela como lo que es, una novela, para que, aunque se trate de un género literario que no vaya a ser un best-seller hoy en día, al menos aquellos lectores de novelas a los que les pudiera interesar tuvieran la posibilidad de saber de su existencia.

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