Sin ti no hay nosotros

Sin-ti-no-hay-nosotros

SUKI KIM, Sin ti no hay nosotros

Kim Suki es una periodista que, y esto no sabemos muy bien cómo lo consigue, se infiltra entre un grupo de misioneros cristianos (que por otro lado parecen sacados de la más cerrada y anticuada comunidad cristiana del globo) para ser profesora de inglés en una nueva universidad en la que estudiarán las elites de Corea del Norte. Ni el gobierno de Corea del Norte sabe que su intención no es tan sólo la de enseñar inglés, ni sus compañeros profesores saben que tampoco es la de extender la fe en Jesucristo, sino la de ir tomando nota de todo lo que allí vea para contarlo posteriormente.

Lo que prometía ser una visión bastante fría de todo aquello que se oculta tras las fronteras del opaco país, se convierte enseguida en una mucho más emotiva. Kim toma contacto con sus alumnos y se implica emocionalmente con ellos, algo imposible de evitar con los propios alumnos, por otro lado, y pierde de vista que no sólo son un producto del enfermizo sistema de ese país, sino también sus artífices y continuadores. Sorprende cuando, hacia el principio, fantasea con el levantamiento de la población oprimida contra sus opresores, y lo descarta, no por imposible, sino porque esos opresores que probablemente tendrían que pagar con sus vidas son sus propios estudiantes. Es a partir de ese momento que no los ve ya como lo que son, los pilares sobre los que se mantiene ese sistema, sino como simples víctimas, y se esfuerza en diferenciarlos, de los dirigentes del régimen o de sus vigilantes y espías internos, cuando eso es exactamente lo que serán en un futuro no muy lejano. Quizá en este mismo instante ya lo sean, puesto que lo que se cuenta sucede en los meses previos a la muerte de Kim Jong-Il.

Por otro lado, lo que se pretende destacar es como estos jóvenes pertenecientes a la elite intelectual del país, muestran una serie de patrones preprogramados, fruto de un sistema educativo que los ha estado adoctrinando durante toda su vida sin ninguna oposición. Sus principales rasgos son que todos ellos creen que viven en el mejor país del mundo, que todos los sistemas de todos los demás países son peores que el suyo y hay que estar precavidos contra ellos, que Japón es el enemigo y hay que odiar mucho a los japoneses, que los extranjeros son malos, y que todas aquellas cosas que les han enseñado no admiten discusión. Esto se presenta como algo característico de Corea del Norte, pero no lo es tanto en realidad, otros países, de los que ni de lejos hablamos tan mal como de éste, muestran los mismos problemas, salvando las distancias producidas por este salvaje régimen, por supuesto. Como profesor de estudiantes chinos durante cuatros años, quizá no de una forma tan exagerada como la que muestra el relato, esos mismos problemas los he visto en muchos de mis estudiantes, ante los que no se puede decir nada malo de China, ni nada bueno de Japón, ni rebatir ninguna de sus verdades absolutas, pues zanjan siempre la discusión con un: “Eso es así desde siempre”. No es de extrañar, en esta situación, que la autora señale que todo el material educativo que utilizan es el aprobado en China. Ella no se explica por qué, si todo está tan anticuado, pero lo que realmente sucede es que los objetivos de ambos países con respecto a sus estudiantes, no son tan diferentes después de todo. Salvando las distancias, repito, pues mientras que nadie puede salir de Corea del Norte, China anima a sus estudiantes a salir a países del primer mundo pues lo ve como una forma muy rentable de utilizar los recursos extranjeros para formar a su ciudadanía.

No es hasta el final, con la muerte de su gran líder, cuando se revela que no hay posibilidad de cambio para el país, no al menos desde la política, pues ninguna generación de intelectuales puede nacer ahí, algo que queda muy claro cuando todos esos alumnos que empezaban a mostrar algo de iniciativa y pensamiento individual de nuevo se encierran en aquello para lo que habían sido adoctrinados con la trágica noticia. Toda la estancia de la periodista allí es una lucha a paso de cangrejo en la que cualquier logro que consiga está destinado a ser inútil, pues la maquinaria de supresión del pensamiento está demasiado bien organizada para hacer frente a cualquier escollo que pueda surgir.

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