Paseando con Crimen y castigo (2)

Crimen y castigo

FIODOR DOSTOYEVSKI, Crimen y castigo

En el episodio quinto de la primera parte de Crimen y castigo, el protagonista tiene un sueño que muestra bien a las claras cuán poco hemos cambiado. En él, un grupo de demasiadas personas suben a un carro para que una yegua ya vieja tire de él, pero cuando el animal no puede arrastrarlo, primero su dueño y luego todos los demás comienzan a golpearlo, borrachos, gritando y riendo su ocurrente acción, hasta que terminan por matarlo. La reacción de los que se oponen a lo que está sucediendo es bastante blanda, “¿Es que no sois cristianos?”, les dicen, o simplemente tratan de pasar de largo lo más rápido posible, ya se sabe, ojos que no ven…

Pero el acento se pone no tanto en la crueldad de la que somos capaces, que es mucha, sino en la manera en la que le damos salida, cuando podemos confundirnos en la multitud para no tener que afrontar la responsabilidad de nuestros actos, algo que vemos muy a menudo. Cada vez que un criminal es detenido, o sale de un juzgado, o en cualquier otra ocasión en la que esté maniatado, vigilado y la gente pueda camuflarse bien entre la masa, cuando creen que no pueden ser identificados como individuos, sino disculpados como pequeña parte de un todo, siempre hay una pequeña multitud que grita, insulta, agrede si ve una ocasión propicia, y de seguro se iría a la cama con la sensación del deber cumplido si el acosado se suicidara ese mismo día. Y hoy, para suerte o desgracia, tenemos un medio en el que convertirnos en multitud agresiva aún con mayor impunidad: Internet. Es increíble ver cómo aquí, cada vez que alguien hace o dice algo (no algo malo, sólo algo) le llueve una desproporcionada cantidad de insultos (no de críticas, de insultos), sólo por decir lo que piensa sin ofender a nadie con mayor o menor acierto (suele ser el caso de tantos actores que sólo tienen el don de la palabra cuando las frases se las escriben otros), o por tratar de quitar hierro a algún asunto (Irene Villa hace bien poco tuvo que aguantar los insultos de una buena cantidad de impresentables cuando ella no había insultado a nadie).

Hoy en día se dice demasiado a menudo que se juzga a la gente en Internet, pero no nos engañemos, en Internet no hay justicia, a lo sumo opiniones. Y no todas las opiniones valen lo mismo, algunas es mejor dejarlas correr, bien por demasiado inocentes, bien por dañinas. No digo que no tengamos derecho a tener una opinión, por supuesto que sí, pero deberíamos ser mucho más comedidos a la hora de exponerla, pues tenemos una preocupante tendencia a pasar rápidamente al linchamiento, si no a empezar por él sin ningún paso previo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s