Escucha la canción del viento, Pinball 1973

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HARUKI MURAKAMI, Escucha la canción del viento, Pinball 1973

Si tan sólo la mitad de lo que Murakami dice en el prólogo a estas dos novelas primerizas es cierto, no puedo sino quedar deslumbrado ante su genialidad. Murakami comenzó a ser un novelista de moda en España hace ya algunos años y, a partir de entonces, comenzaron a traducirse todos sus trabajos, para saciar el voraz apetito de aquellos lectores que acababan de descubrirlo, lo que convertía a toda nueva traducción al español en una nueva novela escrita por el autor, por vieja que esta fuera. Las dos que componen este volumen, las dos últimas en llegarnos, son también las dos primeras que el japonés escribió, y tan interesante como las novelas en sí resulta el prólogo que ha escrito para su reedición. En él, Murakami explica cómo comenzó a escribir y la poca formación que tenía para hacerlo, algo que quiso solucionar convirtiendo su novela en un espacio en el que poder ser sincero. Explica que quería escribir pero nunca lo había hecho antes, que tampoco había sido un gran lector, que nunca había leído a autores japoneses y por lo tanto no sabía cuál era la forma correcta de escribir para su público… En conclusión carecía de todas las bases para acometer la tarea que pretendía en su propio país.

Como ya he comentado, para solucionar este problema decidió escribir sin tener en cuenta todo eso que en teoría debería tener en cuenta, con el único objetivo de escribir con sinceridad. Si hemos de creerle (ya sabemos lo aficionados que son los escritores a la autobiografía-ficción) su decisión fue mucho más que acertada, pues Escucha la canción del viento es una novela que, por su estructura, más parece el fruto de una profunda meditación que de algo dejado al azar de la narración. Externamente parece improvisada, con capítulos en los que habla directamente al lector de sus pretensiones, otros en los que parece contar su vida, otros de semi aventuras juveniles y sentimentales, todo presentado de una manera en la que parece hablarnos cada vez de lo que se le está ocurriendo en cada momento. Pero resulta tan fácil unir las piezas y seguir el hilo que no puede ser sólo fruto del azar y la sinceridad.

La novela cuenta, en primera persona, las peripecias del protagonista, cuyo nombre nunca llegaremos a saber, junto a otros tres personajes más: un amigo desengañado del mundo, hijo de padres ricos y que desprecia a los ricos, que se hace llamar “el Rata”, un chino inmigrante llamado Jay, dueño de un bar en el que ambos pasan las horas muertas, y una chica con cuatro dedos en una mano a la que conocerá inconsciente en el baño del bar y con la que entablará una extraña relación. Sobre toda la historia planean las ideas de un escritor americano, Derek Heartfield, que dibujan la manera de ver el mundo del protagonista y su relación con los otros tres personajes, además de abrir y cerrar la novela de manera explícita. Y su inclusión no es casual, pues se trata de un escritor inventado, por lo que toda su filosofía vital también lo es, con lo que entenderán que no pueda uno terminar de creerse la supuesta sinceridad de la escritura de esta primera novela de Murakami, construida sobre un engaño al lector, a la manera en que muchas veces acostumbraba a hacer Borges.

Pinball 1973 retoma la historia de la primera novela, pero tres años más tarde de que tuvieran lugar aquellos acontecimientos. La historia, llena también de elementos sorprendentes hasta el punto de que casi parecemos estar en un realismo mágico japonés y urbano, es tremendamente melancólica. Por un lado, el protagonista, el mismo de la anterior, vive ahora en Tokio con dos gemelas con las que mantiene también una extraña relación, y ha abierto con un amigo una empresa de traducciones que le da para vivir de forma cómoda. Sin embargo se nos insiste sin cesar en sus tiempos en la universidad, en sus recuerdos de entonces, y en una máquina de Pinball con la que pasó largas horas jugando, excusa que sirve para meditar sobre el paso del tiempo y de cómo lo utilizamos. Ahora quiere volver a encontrar aquella máquina de pinball de su juventud, esa específica, y volver a jugar con ella, convirtiéndose la historia en una especie de recuperación del pasado.

Por otro lado, se nos cuenta también la historia de su antiguo amigo, “el Rata”, que pasa los días sin hacer nada, yendo al Jay’s Bar, y los fines de semana con una relación que no lleva a ningún sitio. “El Rata” no añora el pasado. Muy al contrario, se siente atascado en esa vida, no sabe muy bien cuándo se abocó a ella y necesita romper sus lazos con todo en esa ciudad para buscar un futuro. Su historia se contrapone a la del protagonista, aunque nos lleva consigo la misma carga melancólica.

Por supuesto no pueden faltar las innumerables referencias musicales, que parece que Murakami cultiva desde su primera incursión en el mundo literario, y que sin duda harán las delicias de quienes tengan una cultura musical superior a la mía, que muchas veces no paso de leer nombres extraños en sus novelas (creo que las novelas de Murakami deberían llevar al final una serie de códigos QR para escanear con el móvil y poder escuchar en el momento toda esa cantidad de canciones que siempre menciona).

Magia y nostalgia a partes iguales. Merece la pena.

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