Ikea Dream Makers

IKEA-Dream-Makers-DeHavilland

CRISTIAN ROBLES, Ikea Dream Makers

Ikea Dream Makers es la historia de un chico que se queda encerrado en el sistema de ventilación de una tienda de Ikea y terminará viajando a un mundo… peculiar.

El cómic puede leerse de dos maneras. Por un lado es una historia llena de fantasía e imaginación con grandes dosis de humor que, llevando a una exageración desmesurada una serie de tópicos urbanos sobre el funcionamiento de la famosa tienda de muebles, hace al lector vivir una aventura sin pies ni cabeza. Por otro lado podríamos interpretarla con maldad y verla como una crítica despiadada a la cadena de tiendas. Y digo que nuestra interpretación debería ser malvada, pues no hay nada en el cómic que nos haga decantarnos por esta opción como la correcta, pues el nivel humorístico se mantiene siempre de tal manera, sin permitir a entrada a ningún deje de angustia ni tragedia, que uno no sabe muy bien a qué atenerse.

La novela gráfica se divide en dos partes. En la primera el protagonista está atrapado en la tienda y no puede salir de ella, una sensación que creo que todos los que hemos puesto un pie en ese lugar (y yo sólo lo he hecho en una ocasión) hemos tenido. Tiene un problema, y es que debe escapar antes de morir de hambre y sed, y nadie en la tienda parece poder darse cuenta de que él está ahí, lo que deriva en un humor escatológico en el que el protagonista come la grasa que se queda pegada en una de las rejillas de ventilación que hay sobre una freidora, bebe el agua que gotea del aire acondicionado y se fabrica compañeros de encierro con sus excrementos al tiempo que suspira de amor cubierto de suciedad por la maravillosa encargada de la tienda.

En la segunda parte de la historia, Caleb, que así se llama el protagonista, va a parar al mundo mágico en el que se fabrican los muebles de Ikea, donde todos son explotados para trabajar sin descanso, en un régimen de vigilancia total, en el que en cuanto alguien habla, una especie de salchichas que ejercen de policía le dan una paliza o lo hacen desaparecer si no escarmienta. Pero a pesar de lo evidente de la situación no me atrevería a hablar de crítica social aquí, por la manera tan absurda en que todo se desarrolla.

Sin duda se trata de un cómic de una portentosa imaginación. Su defecto, que quizá sea por otro lado su gran acierto, es que uno no sabe a qué atenerse cuando lo lee.

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