Indies, hipsters y gafapastas (1)

9788494287947

VÍCTOR LENORE, Indies, hipsters y gafapastas

Cuando vi aquel anuncio que el PP hizo sobre que los hipsters los votaban no daba crédito a lo que veían mis ojos (ni a lo que escuchaban mis oídos, dicho sea de paso). O yo no me enteraba de nada o los que no se enteraban de nada eran los publicistas del Partido Popular, para los que un hipster parece ser un tipo con barba y una ropa que lo convierte en una especie de cruce de leñador con amish. Eso me hizo pensar que su único contacto con ellos había sido a través de fotografías, pues, al menos externamente, esa es la imagen que han proyectado durante los últimos cinco años (año arriba, año abajo). Pero antes ya estaban ahí, aunque no se hubiera popularizado la nomenclatura hipster. Hace diez años llevaban perilla y un peinado perfecto, y hace quince barba de dos días y una melenita de aspecto cuidadamente descuidado. Los hipsters llevan entre nosotros desde que el capitalismo se adueñó del mundo occidental: gente con aspiraciones de clase media-alta que se esfuerzan en hacer visible mediante su vestimenta y sus accesorios, y con una absurda preocupación por el individualismo y la exclusión cultural de quienes no están a su nivel. En los hipsters nada es real, todo es maquillaje, chapa y pintura, y si obviamos el tipo de moda, todos, tengamos la edad que tengamos, hemos tenido que tratar en nuestra juventud con gente con esas características que conformaban un grupo con sus semejantes al tiempo que negaban pertenecer a ningún grupo social.

El anuncio del PP los presentaba, sin embargo, como una especie de hippies modernos, como alguien comprometido con su entorno, cuando son todo lo contrario. Indies, hipsters y gafastas, un libro del que nada sabía y que me llamó la atención cuando lo vi en Internet por el hecho de estar prologado por Nacho Vegas, me vino a dar la razón en esto (creo, pues es una conclusión propia) y me confirmó que no andaba completamente desnortado.

Me sinceraré con respecto al libro. Yo siempre he sido una persona de izquierdas, y creo que en mis últimos años viviendo en China (que nada tiene ni de comunista, ni tan siquiera de izquierdas), y con las noticias y desprecios que me han ido llegando desde mi país, me he radicalizado quizá demasiado en mis posiciones, pero comparado con las opiniones del autor del libro yo parezco de extrema derecha. El libro carga contra la hipsterización del mundo, con cómo en los últimos años la cultura se ha ido aislando de la problemática social, creando “movimientos culturales” que mantienen al gran público, y por lo tanto a la sociedad, ajeno a los problemas que se producen. Defiende el compromiso que la cultura debe tener con la sociedad, cosa que comparto, aunque creo que es algo que no condiciona necesariamente a la expresión artística. Habla mucho sobre música, sobre cine, sobre documentales, sobre ensayos, muy poco sobre las artes plásticas, pero hay una carencia importante, muy reveladora del porqué de su obsesión militante: ni una novela, ni un cuento, aparecen referenciados en sus páginas. Como si nunca se hubiera detenido en leer uno o, peor aún, como si considerara que su presencia social es marginal, muy distante de la eminente presencia de lo audiovisual (lo que lo volvería a él también bastante hipster). Supongo que al tratarse de ficción las considera puro escapismo y no les otorga valor dentro del verdadero arte que es aquel comprometido y militante.

Todo esto resulta demasiado exagerado, aunque creo que guarda un fondo de verdad, sin necesidad de llegar a las posiciones tan radicales del autor. Además, la lectura resulta una enciclopedia privilegiada para hacerse con una lista musical de los últimos veinte años, al menos del panorama rock indie.

Por otro lado, el ensayo está tan seccionado que, incluso para aquellos no acostumbrados a leer este género, resulta de una lectura muy amena. No hay larguísimas disertaciones ni extensas exposiciones que van ocupando capítulos y capítulos hasta llegar a una conclusión final, sino que todo es mucho más ligero, sin renunciar por ello a la precisión ni a la documentación. Los diferentes capítulos son casi independientes y están a su vez divididos por títulos que los convierten en conjuntos de mini artículos que comparten tema. Con esta estructura uno avanza en la lectura de un libro que, por otro lado, tampoco es muy extenso, casi sin darse cuenta. Luego se podrá estar a favor o en contra de sus propuestas, pero no se le puede negar que éstas estén argumentadas y documentadas. Eso sí, ni son objetivas ni parecen pretenderlo, sino que más bien suponen el punto de vista de una posición social determinada.

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