New York, The Big City

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WILL EISNER, New York, The Big city

Eisner reúne en New York, The Big City, una gran cantidad de microhistorias ambientadas en la ciudad de Nueva York, aunque tal y como ya anuncia en el prólogo, no se trata de reflejar cómo es Nueva York, sino cualquier gran ciudad, pues en esencia todas son iguales, todas contienen las mismas historias o similares.

Pero el reflejo que Eisner da de la gran ciudad es sesgado, pues parece haber sólo en su gran ciudad gente de clase baja. Todos los barrios reflejados por Eisner son barrios obreros, relegando a los barrios de clase alta (en las escasas ocasiones en las que aparecen) a falsos escenarios a los que los obreros acuden a hacerse pasar por algo que no son. Y esa, a fin de cuentas, ha sido la principal característica de las grandes ciudades desde hace mucho tiempo: la posibilidad de poder moverse en ellas sin que nadie sepa quién es uno, un tópico que, por otro lado, ha sido explotado al máximo en la literatura desde el siglo XVI con el surgimiento de las grandes urbes. Prueba de ello es que casi no hay pícaro que haya pasado por una gran ciudad y no haya pretendido ser otro del que todos conocen en su pueblo natal.

Pero dentro de esa ciudad de desconocidos, hay una sección, a la que más atención parece también prestar Eisner, en la que todo el mundo se conoce: el barrio. Y de tal manera coexisten estas dos realidades, que mudarse de barrio implica casi lo mismo que mudarse de una ciudad más pequeña a otra, o marcharse del pueblo. Esta realidad nos permite ver cómo un hombre regresa al barrio de su infancia. No a su ciudad, sino a su barrio, lo que nos hace entender que la ciudad en realidad nunca la abandonó, pero al barrio es evidente que no había regresado. También vemos como, camuflados en la noche, gente de barrios pobres se hace pasar por grandes ricos, fingiendo ser acaudalados y soportando su embuste con un coche de alquiler mientras toman el metro a escondidas. Se dibuja así un espacio único pero muy heterogéneo y con divisiones que permanecen aisladas unas de otras.

Pero también están los espacios comunes, esos por los que pasa gente de toda condición, y que en el cómic aparecen magistralmente representados por una rejilla de ventilación en la calle, sobre la que suceden todo tipo de historias, con todo tipo de personajes: historias de amor, de delincuencia, juegos de niños, la aventura de la ciudad para quien es de fuera… Todos pasan por el mismo sitio, todos comparten ese mismo lugar, pero sus historias no se cruzan, permanecen aisladas unas de otras, convirtiendo a la ciudad en sí misma en el único observador de las vidas de todos sus habitantes

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