Los pilares de la Tierra

9788401328510

KEN FOLLET, Los pilares de la Tierra

Cuando uno lee Los pilares de la Tierra, le surgen más preguntas que otra cosa. La primera de ellas sería: ¿Cómo se escribe una novela de más de mil páginas, y que de la sensación de ser una lectura ligera a pesar de todo? Bueno, la respuesta a esto es sencilla. Y es que la presentación de Los pilares de la Tierra es casi una trampa, pues podríamos afirmar que se trata de una colección de historias breves, pues casi cada capítulo supone una historia que comienza y termina, aunque lo haga con un gancho para animarnos a continuar con el siguiente que, como en todo buen bestseller, jamás comenzará donde lo había dejado el anterior. Y es que casi todos los capítulos comienzan varios años más tarde de donde había terminado el anterior, con los personajes muchas veces ya cambiados y en momentos de sus vidas muy diferentes a los que habíamos observado en la página anterior. Esta composición nos sitúa casi más ante varias novelas breves que ante una muy extensa, lo que ayuda a hacer más ligera la lectura.

Pero esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo algo que acaba siendo un conjunto de historias que podríamos abandonar al final de cualquiera de ellas mantiene la atención del lector? Obviando el gancho final de cada capítulo, que puede funcionar las dos o tres primeras veces pero no de manera ininterrumpida, lo cierto es que existe una historia central que atraviesa las vidas de todos los protagonistas y que, a pesar de no desarrollarse, va dejando pistas en cada capítulo, provocando de esa manera la curiosidad del lector por unos datos misteriosos que no llega a comprender y que no se le revelarán hasta las últimas páginas, en el epílogo, cuando ya todo haya terminado. De este modo nos encontramos que, aquello que nos ha tenido pegados al libro, arrastrando una historia tras otra, y dejándonos siempre insatisfechos por lo poco que de ello se nos decía, con ganas de averiguar más, es en realidad un misterio que poco o nada aporta a las historias de los protagonistas, pues ningún efecto acaba teniendo sobre ellos al final. Lo cual resulta en parte decepcionante, pues había sido revestido de tanta teórica importancia.

Otra de las preguntas que podría uno hacerse antes de comenzar la lectura es: ¿Cómo un escritor de novelas de espionaje se lanza a escribir una novela histórica, y una de esta envergadura, además? Los que ya la hayan leído se habrán dado cuenta de sobra de que Los pilares de la Tierra tiene mucho más de novela de intriga que de novela histórica. De hecho toda esa parte medieval, ese supuesto argumento que dicen girar en torno a la construcción de una catedral es puro maquillaje, el disfraz medieval de una historia de intrigas en la que en lugar de espías y políticos, intervienen los nobles y el clero. En otras palabras, Ken Follet no busca nuevos lectores en un nuevo género, sino que se lleva a sus lectores de siempre a un escenario diferente.

Todos habrán oído que la historia de la novela gira en torno a la construcción de una catedral, pero yo quiero darles un resumen algo distinto. Se trata del enfrentamiento, a lo largo de toda su vida, entre dos personas: el obispo Waleran, un hombre de la iglesia ansioso de escalar en los puestos de poder, que sabe moverse entre las alianzas y traiciones de las altas esferas, y que cuenta gracias a ello con apoyos en ese orden social, y Philip, el prior de Kingsbridge, un religioso de origen humilde convencido de que debe estar del lado del pueblo. Como ven dejo de lado la construcción de la catedral, que me parece tan sólo una excusa sobre la que hacer girar el juego de poder, a pesar de las muchas páginas dedicadas a su construcción. Pero es que esas páginas no aportan nada a la trama, en realidad, sino que parecen más bien destinadas a relajar la trama política y a ganarse el apoyo de los lectores, presentado problemas y descubrimientos novedosos en la construcción que ya han sido resueltos y que el lector conoce, alabando de esa manera su ego. Quizá el momento más evidente en que esto ocurre es cuando Jack se pregunta por qué cuando no pueden levantar un peso con una palanca, lo que hacen los constructores es buscar una palanca más grande para conseguirlo. Mucho tiempo dedica a esta disquisición y a varias otras más, y puedo imaginar la sonrisa de superioridad satisfecha del lector que ya tiene en su mano la obvia respuesta.

Se habrán dado cuenta por el resumen del argumento que he hecho de que concibo esta novela como algo más bien de ideología revolucionaria. Los dos protagonistas enfrentados, enfrentan consigo al poder contra el pueblo. De hecho son muchas las veces que en la novela el poder comete los más absolutos desmanes sin que el pueblo pueda defenderse, provocando con ello la indignación del lector (y que levante la mano aquel que la haya leído y que al pasar esos capítulos no haya pensado en una bien merecida venganza). Pero Philip cree en el sistema, y durante toda su vida lucha con sus mismas armas contra aquellos que oprimen al pueblo, logrando algunas victorias, pero efímeras, pues aunque en cada capítulo podamos asegurar que “ganan los buenos”, conforme esto avanzan, vemos que ellos siempre están sometidos, y los poderosos siguen ahí suceda lo que suceda, provocando una sensación de impotencia por parte del pueblo, que se ve atrapado por unas herramientas jurídicas y legales puestas al servicio de aquellos de los que deberían protegerlos.

No es hasta el final de la novela cuando este orden se subvierte, y Philip logra que el poder reciba su castigo, pero para que eso pase el prior debe claudicar y cambiar de actitud, asumir que no puede enfrentarse a los poderosos con sus mismas armas. Lo que Philip convoca es una revolución (cruzada, lo llama él): “Tenía la impresión de que lo que ocurriría a renglón seguido sería que un pequeño grupo de seguidores del hombre muerto se alinearían contra todo el poder y la autoridad de un poderoso imperio. Naturalmente. Así empezó la Cristiandad. Y una vez que lo hubo comprendido supo lo que había de hacer. […] ¿Puedo hacer esto? ¿Puedo empezar aquí ahora mismo un movimiento que llegue a sacudir el trono de Inglaterra?”. Bien es cierto, que ni el pueblo toma el control del gobierno, ni la situación de poder llega a subvertirse (lo contrario sería una locura en el contexto histórico de la novela), pero no deja de ser revelador el hecho de que la solución a los problemas sociales deba salir del pueblo, y que no sea hasta que este se hace oír que los estamentos del gobierno tomen medidas.

No creo que Ken Follet, sea un revolucionario, ni un convencido activista de izquierdas, de hecho poco o nada sé sobre él, pero la verdad es que el desarrollo de los acontecimientos de su novela da que pensar.

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2 comentarios en “Los pilares de la Tierra

    1. Efectivamente, es una lectura relajada bastante recomendable, escrita de manera seria, a diferencia de otras de gran éxito que circulan por ahí y cuyos nombres no voy a mencionar. La única pega que le pondría es que se pone tanto énfasis durante toda la novela en el misterio que rodea al padre de Jack, que cuando éste se revela al final resulta insuficiente y deja cierto regusto a decepción.

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