Fábrica

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NICOLAS PRESL, Fábrica

Voy a intentar resumir el argumento de lo que creo que es una fábula sobre la necesidad de la unidad, con ciertas referencias al nazismo y yo diría que a 1984. Digo que voy a intentarlo, porque en esta novela gráfica (creo que en esta ocasión sí merece el pomposo nombre) no aparece escrita ni una sola palabra. Bueno, casi ninguna. Todo el texto se ve reducido a dos números, el 171 y el 03, a los números romanos del I al VI, y a las palabras Cervantes, Ovidio y Anatomía.

El protagonista trabaja en una fábrica, en el puesto 171. Al parecer, los músicos en esta extraña sociedad tienen seis dedos, y las autoridades deciden que son peligrosos, por lo que son todos apresados (no se sabe qué sucede con ellos) y los instrumentos musicales quemados. El protagonista encuentra al hijo de uno de los músicos, también con seis dedos, y lo oculta en la fábrica, en el interior de la maquinaria de su puesto de trabajo. Cada mañana lo saca de la maquinaria para que la fábrica de armas pueda funcionar, y por la noche lo vuelve a ocultar en su interior. Un día compra dos filetes para poder dar de comer al niño, pero el vendedor da el soplo a la policía de que ha comprado dos filetes en lugar de uno, la policía registra su casa sin encontrar nada y le advierte de que sólo puede comprar un filete.

Tras esto, los libros se vuelven también peligrosos y comienzan a quemarlos, pero el protagonista salva algunos para llevárselos al niño, que no da crédito a lo que lee en ellos (El Quijote, Las Metamorfosis y un libro de anatomía).

El protagonista será cambiado de puesto de trabajo sin previo aviso (degradado) y no podrá sacar al niño de la maquinaria antes de que la fábrica comience a funcionar, por lo que quedará atrapado entre la maquinaria y se asimilará a las armas que allí se fabrican y que servirán para segar vidas en otros lugares.

Supongo que adivinarán por qué he dicho que la novela recuerda al nazismo, con la exclusión de toda una sección de la sociedad, los músicos, que se asemeja bastante a los judíos, y la quema de libros e instrumentos musicales. Pero esta referencia es más bien burda y podría ser obviada, pues creo que a donde hace realmente referencia es a 1984 y a Farenheit 451, dos novelas en las que los individuos se veían completamente aislados de sus semejantes, incluso de los más cercanos a ellos (recordemos el niño que denuncia a sus padres en 1984, o cómo es la propia mujer del protagonista de Farenheit 451 la que denuncia a su marido a las autoridades). Aquí no se refleja esa desconfianza familiar, pero el protagonista también padece un acoso social que no le permite entablar una amistad, lo que queda reflejado en la denuncia del carnicero o en que no fuera capaz de avisar a su compañero para que no pusiera en marcha la máquina cuando le cambian de puesto de trabajo.

Son muchos, sin embargo, los interrogantes que quedan al concluir la historia, debido a que su mejor baza resulta ser también su mayor hándicap. Me refiero a la ausencia total de texto, que hace que centremos nuestra atención en cada detalle de las viñetas, además de conseguir con ese deliberado silencio una atmósfera  muy opresiva. Aunque lo que gana en expresividad lo pierde en precisión, lo que podría dejarnos con la mala sensación de una historia a medias.

Por poner un punto de comparación, creo que el resultado final, salvando las distancias, se asemeja a las viñetas de El Roto. Hubo una temporada en que se puso de moda la absurda afirmación de el único que había hecho denuncia social en España era El Roto, que todos los demás articulistas se habían vendido (ya es bastante despropósito comparar a un viñetista con un articulista, pero bueno). Pues bien, a pesar de que de vez en cuando El Roto nos sorprende con una viñeta magistral, lo habitual no es eso, sino un simple esbozo de alguno de los males de nuestra sociedad, un dibujo que señala lo que está mal pero ni lo explica, ni lo desarrolla, ni articula una opinión razonada, ni medita sobre el origen del mal ni sobre sus posibles soluciones. Sencillamente porque el medio elegido no lo permite. Y eso le sucede a las viñetas mudas de Fábrica, que su silencio no les permite dar ese paso más allá, el que supera la crítica y la razona. Porque todos podemos señalar lo malo: lo verdaderamente difícil y al alcance de sólo algunos es explicarlo, argumentarlo y crear conciencia mediante el uso de la razón.

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