Deadpool, El arte de la guerra

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PETER DAVID, SCOTT KOBLISH, Deadpool, El arte de la guerra

Deadpool es divertido. Ya está, poco más hay que decir. Es cierto que es un antihéroe, no transmite ningún valor positivo y tiene conciencia de ser un personaje de cómic, pero todas esas historias sobre la ruptura de la cuarta pared me parecen un intento desesperado por darle una trascendencia que no tiene. Ni la necesita. ¿Acaso ser divertido es un objetivo insuficiente? Pues dentro de lo que es un universo, el de los superhéroes, plagado de tipos con disfraces de colores que se toman demasiado en serio a sí mismos, a mí me parece una grandísima virtud.

Hacer a un personaje con la desfachatez de Deadpool consciente de su origen ficticio me parece una genialidad. El mata sin parar pero sus asesinatos no tienen ninguna consecuencia, pues no olvidemos que mata a otros seres ficticios. Y la conciencia de que existe otro mundo aparte del suyo de papel lo convierte en un viajero interdimensional que maneja una información muy superior a aquella de la que disponen el resto de personajes, con unas consecuencias desternillantes. ¿De verdad hace falta intentar buscarle un enfoque serio y filosófico a un personaje con tales facultades para convertir cualquier situación en algo sin pies ni cabeza, alguien cuyo planteamiento está sin duda al servicio de la pura comedia?

Y esta historia nos lo demuestra una vez más. El asunto arranca de manera extremadamente seria, con una exposición de las enseñanzas de Sunzi, pero todo se va al traste con la aparición de Deadpool, a quien han contratado para vengarse del maestro chino, al que mata sin contemplaciones e ignorando todas esas virtudes que él estaba enseñando y que hacen temible a un guerrero. Tras lo cual Deadpool aparece en nuestro presente con el libro de El arte de la guerra, pues él no está sometido al tiempo del mundo real puesto que se mueve en la ficción, lo que permite que el mundo real no sea tampoco demasiado lógico. Él quiere vender su traducción del libro de Sunzi, y decide que para aumentar las ventas es necesaria una guerra en la Tierra, así que busca en Internet personajes de cómic que pudieran provocarla, y luego regresa con ellos a su mundo, ya representado como el mundo de los cómics. Creo que pueden hacerse una idea de lo descerebrado de la situación.

El caso es que toda la acción viene acompañada por una voz en off que es la traducción que Deadpool está haciendo de El arte de la guerra, con lo que vemos acompañar, durante toda nuestra lectura, las serias enseñanzas de Sunzi a las descerebradas situaciones que crea Deadpool.

Un personaje al servicio de la aventura y el humor, que no necesita (más bien necesita evitarlas) de sesudas segundas lecturas para ser maravillosamente disfrutable.

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