Eterna

9788483652558

GUILLERMO DEL TORO, CHUCK HOGAN, Eterna

Llegamos al final de la trilogía vampírica propuesta por Guillermo del Toro, y con el final descubrimos por qué en las historias que amenazan con desencadenar el apocalipsis al final siempre terminan ganando los buenos. Para no ofrecer un panorama tan descafeinado como éste: una suerte de París ocupado por los nazis, con colaboracionistas, una pequeña resistencia oculta y el añadido tan “americano” de los grupos que sólo se preocupan por sí mismos. O la segunda temporada de la antigua serie televisiva V, si lo prefieren. El terrible vampiro de origen incierto y oscuro, al final no pasa de ser un dictador con ansia de poder que quiere que todos le obedezcan, bien como vampiros, bien como humanos, y que monta sus propios campos de concentración, en este caso de exprimido de humanos para tener siempre sobre la mesa su ración de sangre a la hora de la comida. Así que el apocalipsis no es tal, sino una situación de gobierno opresivo, por mucho que el dictador, en este caso, se literalmente un monstruo.

El ambiente en el que todo se desarrolla es el típico de la tierra después del desastre que tantas veces hemos visto, y que en los últimos tiempos está bastante de moda, con títulos en el cine como La carretera, Hijos del hombre, el regreso de Mad Max y un largo etcétera, y en televisión con otros como Revolution o Los 100. Ahora hay un nuevo orden y los protagonistas tratan de luchar contra él, todo muy terrenal. El único personaje que entroncaba con esa sensación de misticismo de las dos primeras entregas, Abraham Setrakian, ya no aparece en ésta, y es sustituido por un vampiro que, la verdad, no da la talla, pues no es lo mismo que alguien se adentre en los misterios de lo incomprensible, a que alguien te lo cuente porque mira, lo ha vivido y sabe de qué va el tema. Lo único que el señor Quinlan, el sustituto de Setrakian, no sabe es el origen del amo, que por una retorcida relación de ideas ha decidido que es su padre (y si lo expreso así es porque llamar a esto paternidad me parece excesivo).

Y aquí viene donde se remata el asunto, en el origen del amo, y ahora voy a reventar el final (más o menos) así que no sigan leyendo si no quieren. Y es que, después de haber insistido tanto en el funcionamiento del vampirismo como una enfermedad, después de haber detallado la existencia de los parásitos y el proceso de infección, después de haber puesto tanto énfasis en hacerlo todo tan científico, a pesar de esa sombra de misterio y misticismo que siempre había estado detrás de todo, resulta que ni ciencia ni misterio sobrenatural: todo se soluciona leyendo la Biblia, porque el amo es un ángel caído, rebelado contra Dios. Y si el sol le hace daño es porque se parece al rostro de Dios. Uno se había hecho ilusiones con la cantidad de referencias al mundo de Lovecraft que inundaban las páginas de Oscura, para que al final suceda esto.

¡Ojo! No estoy diciendo que la resolución final sea mala per se, sino que no se pueden estar dejando pistas en una dirección durante todo un relato para al final dar una solución completamente diferente a la que habías estado dejando germinar en la mente de tus lectores. Si nos hubieran llevado por el camino de Dios y la Biblia y sus ángeles y la guerra celestial, uno podría aceptar esta resolución, pero así no. Es una rueda de molino demasiado grande. También, digo yo, los autores podían haber acabado diciendo que todo había sido un sueño de Ephraim, el que en un principio se perfilaba como principal protagonista de la historia.

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