El juego lúgubre

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PACO ROCA, El juego lúgubre

La historia de El juego lúgubre se nos presenta como un hecho real mediante la ya clásica argucia del material encontrado. Mediante un prólogo sin firmar pero que precisamente por ser el prólogo asumimos que se trata de las palabras del propio Roca (o de un autor ficticio, en su caso), se nos pone en antecedentes acerca de “un extraño y macabro facsímil” que lleva por título el mismo de la novela gráfica que tenemos entre manos. En él, un joven llamado Jonás Arquero cuenta su “siniestra vivencia” en casa de un artista en el pueblo de Cadaqués, poco antes de comenzar la Guerra Civil Española. Roca nos adapta en versión cómic el facsímil (nótese que ni siquiera se trata del original, para volver así aún más difusas las fuentes de la historia) del diario de Jonás. Sólo se permite una licencia, que es la de dar un pseudónimo tanto al artista que allí vive como a su amante, a los que se referirá por los nombres de Salvador Deseo y Galatea.

Asumiendo lo poco logrado del jueguecito de los nombres, hay que reconocer también que el resto de la historia es de lo más sugerente, y sigue el guión de una buena historia de terror clásica. Todo comienza en Madrid, un espacio urbano sin misterio, donde el protagonista recibe el encargo de ir a trabajar con un famoso pintor. Acto seguido se desplaza hasta Cadaqués, un aislado pueblo pesquero al que resulta difícil llegar por carretera, de gentes supersticiosas. Una vez allí tendrá que llegar a la casa del pintor, lugar al que nadie quiere acercarse y de cuyo dueño tampoco nadie quiere saber nada, que se encuentra en una playa alejada del pueblo y a la que se tiene acceso a través del cementerio. La verdad es que ante tal presentación, en cierto punto me sentí como releyendo El invitado de Drácula.

De sobra es conocida la excentricidad de Dalí, que él mismo se encargaba de hacer pública y exagerar al máximo, cosa que hizo hasta el momento mismo de su muerte. También es asumido por todos que se trataba de pura fachada, con la que el egocéntrico pintor trataba de dar una imagen mística ante el mundo. Pues lo que esta historia hace es tomar la pretendida fachada de Dalí como algo real, situar al artista en un mundo mágico, arropado por el ambiente de aislamiento que lo rodeaba y la publicidad que él hacía de sí mismo. Para ello nos presentan una casa en la que todos están permanentemente drogados, lo que hace al protagonista ver una serie de escenas que duda de si han sucedido realmente o han sido fruto de las alucinaciones provocadas por las drogas.

Sólo una cosa he echado en falta en la historia, y es que, para estar basada en la obra de Dalí, dicha obra tiene un protagonismo bastante escaso, casi inexistente.

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