Cianuro espumoso

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AGATHA CHRISTIE, Cianuro espumoso

Pues qué quieren que les diga. Se trata de la primera novela que leo de Agatha Christie, y si bien no se le puede negar la capacidad de atrapar al lector y de hacerle pasar un rato entretenido, me ha resultado una novela ya muy anticuada, con un regusto decimonónico, lo cual no sería ningún problema de no ser porque no es ninguna novela decimonónica.

La historia gira en torno al misterioso suicidio de Rosemary, que todos achacan a una depresión tras pasar una gripe. Pero una misteriosa nota advirtiendo que se trató de un asesinato hará que se pongan en marcha una serie de investigaciones, en las que todos actúan sin revelar sus intenciones, para así poder causar un mayor efectismo al explicar sus actos.

Mediante los correspondientes interrogatorios a todos los personajes se van dejando pistas para que el lector vaya haciendo sus elucubraciones. Es una lástima, sin embargo, que todas las suposiciones de un lector atrapado por la historia y con ganas de participar en ella no sirvan, a la postre, para nada. Y es que la historia es tramposa donde las haya (quien no quiera saber el final que salte al siguiente párrafo), pues nos va haciendo sospechar de todos los personajes, dándonos motivos para desconfiar de la mayoría, nos hace construirnos nuestra propia versión de los hechos para, después de todo eso, decirnos que el asesino es un tipo que ni siquiera había aparecido en escena y del que sólo se habla. Y cuando se nos habla de él se nos dice que está al otro lado del Atlántico, y lleva años allí, con lo que el lector ni lo tiene en cuenta, pero no, en realidad estaba en Inglaterra.

Así pues, la resolución de la novela es tremendamente tramposa, uno casi desea que el asesino hubiera sido el mayordomo. Una de las cosas que me gusta de Sherlock Holmes es que, aunque nadie con una sucesión de pensamientos normal puede llegar a las conclusiones que el detective ofrece al final de sus historias, los elementos están ahí, y aunque resulte imposible para el lector hilarlos para dar con el asesino, todos ellos se nos han ofrecido durante el relato. Incluso existe un cuento en el que diría que Doyle se burla de las capacidades de su detective (más o menos), al hacer que todas sus deducciones resulten ser erróneas.

Pero Agatha Christie nos ha engañado, y si bien hemos estado embebidos por la historia, no puedo evitar sentir ese regusto amargo que deja el descubrir que podría haberme ido directamente hasta el final, pues todas y cada una de las pistas que había ido dejando a través de las páginas de la novela eran pistas falsas, y por lo tanto la lectura de todas esas páginas ni conducía a ningún sitio ni servía para nada.

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