Vida de Esopo

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Vida de Esopo

La Vida de Esopo resulta una lectura peculiar. En ella se nos cuenta de manera fantasiosa la que se supone que fue la vida del célebre fabulista. Pero la fantasía alcanza tal nivel que lo único que podemos dar por cierto de toda la historia es que era un esclavo y que contaba fábulas. El resto ya es novela.

Para empezar se nos presenta a Esopo, un esclavo mudo y mal formado, pero que desde un principio da muestras de su intelecto en una anécdota en la que sus compañeros esclavos, aprovechando su mudez, se comen unos higos y, cuando su amo los reclama, acusan a Esopo de habérselos comido. Como Esopo no puede negar la acusación ni defenderse mediante la palabra, bebe una gran cantidad de agua caliente y vomita, demostrando así que nada había en su estómago. Su amo obliga entonces a los dos acusadores a hacer lo mismo, y estos vomitan los higos. Esta es la primera muestra de la gran inteligencia de Esopo, un esclavo que por sus defectos físicos jamás había recibido ninguna educación.

Un día, por su proceder honesto, es recompensado con dos dones: el habla y la capacidad para la oratoria. Así pues, Esopo consigue con su labia recién adquirida ser vendido a un filósofo con el que en principio podría conseguir una educación, pero en realidad resulta que desde el primer momento con él, Esopo, nacido esclavo y sin haber recibido jamás una educación, se convierte (a los ojos del lector, que no a los de su amo) en el maestro. De los milagros de la primera parte de la vida, en la que intervenían elementos mitológicos que convertían a Esopo en alguien tocado por la divinidad para explicar su fama, pasamos ahora a una suerte de hagiografía en la que Esopo se sobrepone a las dificultades que encuentra en casa de su amo, el filósofo, y se eleva sobre él. Si tenemos en cuenta el prestigio de los filósofos en la antigüedad como grandes pensadores y detentores de la sabiduría, veremos cómo, al terminar esta etapa, Esopo que situado por encima de ellos, convirtiéndolo así no en un estudioso, como los filósofos, sino en una figura a la cual estudiar.

Al cambiar de amo, Esopo subirá todavía un escalón más. En esta ocasión pasará a servir un rey en una época mitológica en la que los diferentes reinos no se enzarzan en guerras para aumentar sus riquezas, sino que, amparados en el uso de la inteligencia, se plantean retos de lógica y acertijos unos a otros, y si el retado no es capaz de dar una solución satisfactoria deberá pagar al retador un tributo, siendo el retador el que deberá pagar en caso de que sí la encuentre. Esopo se convierte en la pieza más valiosa de la corte, al ser capaz de resolver cualquier acertijo por complicado que este sea.

Esopo se ha colocado ya en un puesto superior al de los reyes y se acerca peligrosamente a los dioses, por lo que hay que pararle los pies. Tan grande es su sabiduría que le hará perder la prudencia e insultará al pueblo de Delfos cuyos habitantes, ofendidos, le tenderán una trampa para poder así ejecutarlo. A la espera de que se cumpla la sentencia, Esopo se da cuenta de cómo la soberbia con la que fiaba en su inteligencia lo ha vuelto un estúpido al dejar de lado la prudencia. Tratará de convencer mediante fábulas (volviendo a hacer uso de la inteligencia que había perdido, como Sansón usó de nuevo su fuerza también peridida) a quienes quieren ejecutarlo, pero ellos, al ser un pueblo estúpido, no lo escucharán, demostrando cómo la inteligencia jamás puede salir victoriosa cuando se enfrenta a la estupidez (o no al menos cuando la estupidez está unida).

Pero en última instancia será Esopo quien acabe con su vida por su propia mano lanzándose por un precipicio, pues si bien ha sido condenado, no puede permitir que sean esos tontos quienes pongan sus manos sobre él para ejecutar la sentencia.

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Kafka

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ROBERT CRUMB, DAVID ZANE MAIROWITZ, Kafka

Kafka es sin duda una de las figuras literarias que mayor atracción ejerce, pero no nos engañemos, hoy en día lo que atrae es la idea misma de Kafka, pero no tanto su obra. Para el lector actual, demasiado acostumbrado a historias de puro escapismo y sin segundas lecturas, Kafka es tedioso y carece de sentido. Quizá un adolescente pudiera referirse a él como un coñazo con muchas neuras, pero eso no es un problema puesto que no es una lectura dirigida a ellos (el verdadero problema lo tendría quien pretendiera hacérselo leer). Lo preocupante son los lectores “maduros”, que normalmente se refieren a él (y a muchos otros) como demasiado denso, o con un displicente: “No es de mi estilo”. Lo cual es sólo una manera de reconocer lo infantil que continúa siendo su forma de ver el mundo o, en otras palabras, la mayor parte de los adultos de nuestra sociedad han alcanzado la edad adulta pero en modo alguno han madurado. No quiero decir con esto que a todo el mundo deba gustarle Kafka, ni mucho menos, pero nadie parece dispuesto a asumir su incapacidad de afrontar un texto denso (tampoco es que los de Kafka lo sean tanto), y convierten la situación en culpa del escritor por no haber escrito algo más ligero.

Y los autores de Kafka parecen ser conscientes de ello al escribir este híbrido entre cómic y biografía. Saben que el nombre de Kafka a todos les suena y les atrae, pero cuando aparece en el lugar en el que va el nombre del autor de un libro les produce rechazo. Así, todos conocen el adjetivo kafkiano pero no saben de dónde viene, y todos identifican al autor con el tipo ese que escribió una novela en la que alguien se convierte en una cucaracha, pero no saben nada de sus historias.

Kafka es una biografía literaria en cómic de Kafka, por tautológica que esta afirmación resulte. Los datos sobre la vida del escritor están reducidos al mínimo, dando relevancia sólo a aquellos que puedan reflejar sus inquietudes y que sirvan para explicar su obra. De esta manera, el cómic no se molesta en hablarnos de su nacimiento, ni de su educación, ni de sus relaciones sociales, pero pone especial énfasis en la relación familiar y sus relaciones amorosas. Además, gran parte de sus páginas están destinadas a explicarnos sus obras literarias, de las que se nos cuenta los argumentos al detalle, por lo que doy por supuesto que está asumido el desconocimiento por parte del lector. Pero no se espera una actitud pasiva por parte del lector del cómic, puesto que los resúmenes convertidos al lenguaje del cómic sirven para animar a la lectura de los originales, al estar planteados como una reseña en la que se pone mucho énfasis en el planteamiento de la historia, pero los finales son narrados a gran velocidad o incluso evitados. El mayor ejemplo de animación a acercarse a la obra original se produce al presentarnos el cuento de “La metamorfosis”, donde el juego va a más. Se nos dice: “Ésta, quizá la más famosa primera oración de la literatura moderna, inicia la obra maestra de Kafka”, y acto seguido nos ofrecen la página en alemán, cosa que la mayoría de los lectores del original en inglés no pueden leer (tampoco la mayoría de los que leemos la edición en español), con lo que se les anima a buscar el libro y leerlo.

Tras terminar el cómic he visto por ahí que bastantes no lo recomiendan como modo de acercarse al escritor, que es más bien un cómic dirigido a aquellos que ya lo admiran, opinión de la que no puedo estar más en contra, pues me parece que despliega toda una serie de habilidades para hacerlo atractivo a quienes lo desconocen.

Una vida en China 1 – El tiempo del padre

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LI KUNWU, Una vida en China. El tiempo del padre

Li Kunwu, que en su juventud pintó carteles de propaganda para el Partido Comunista Chino, nos cuenta en esta novela gráfica cómo fue su infancia y las circunstancias que la rodearon. Y lo cuenta de una manera puramente descriptiva, sin hacer ningún tipo de crítica contra el momento que le tocó vivir, ni tampoco ningún discurso para ensalzarlo. Sólo nos muestra cómo fue, con las cosas que le pasaban entonces por su cabeza, sin juzgar nada desde el presente.

Esto, que puede parecer una manera de tomar distancia frente a cualquier tipo de reivindicación, se convierte en estas páginas en la crítica más dura que podría hacerse de la historia china, por lo fuera de lugar que resulta todo cuanto aparece ante nuestros ojos a lo largo de la novela gráfica. Los personajes que aparecen en ella son revolucionarios convencidos, todos están del lado de la revolución y ninguna crítica se hace a su manera de pensar. Es más, podríamos creer incluso que se apoya esa manera de pensar, y no nos faltaría razón. Pero por desgracia parece que la revolución no está de su lado y tarde o temprano se vuelve contra ellos.

La historia comienza con lo que podríamos considerar un pequeño prólogo en el que vemos cómo se conocen los padres del protagonista. El padre es un joven mando revolucionario que se detiene en la aldea de la madre para dar un discurso de enardecimiento revolucionario, lo que él llama instruir al pueblo, y allí ve a una jovencita cuya mano pide. Lo primero que llama la atención al lector occidental es la relación entre la pareja, pues a pesar de que se les supone amor al uno por el otro, siempre se dirigen a su cónyuge como “camarada”, y su vida en común parece más basada en preceptos revolucionarios que en ningún tipo de intimidad.

Una de esas cosas que se muestran sin posicionarse ni a favor ni en contra es el adoctrinamiento que se lleva a cabo sobre la población, principalmente sobre los más pequeños, aunque no sólo. El tomo se divide en tres capítulos, y cada uno de ellos va precedido por una canción infantil de las que se cantaban en los colegios que no tienen desperdicio. Transcribo la primera de todas, pues creo que impresiona por lo terrorífico de inculcar una cosa así en una mente que se está formando:

La grandeza del cielo y de la tierra
no superan la grandeza de
la buena voluntad del Partido.
El amor de la madre y del padre
no supera el amor del presidente Mao.
La profundidad de los ríos y de los mares
no supera la profundidad
de la fraternidad de las clases.
Mil o diez mil cosas buenas
no igualan al socialismo.
El pensamiento de Mao Zedong
Es la joya de la revolución.
El que se opone a él,
ese es nuestro enemigo.

 

Además asistimos a la deificación de la figura de Mao, cuyas palabras hay que dar por ciertas sin cuestionárselas y no sólo eso, sino que el conocimiento de esas palabras se convierte en el único válido, el único que debe enseñarse. Ni que decir tiene que esto favorece la revolución cultural, pues a todos esos guardias rojos les enseñaron desde niños que las palabras de Mao eran la única guía válida, y se lo enseñaron precisamente sus profesores y mayores, los mismos que luego tuvieron que padecer esas enseñanzas.

Asistimos a cómo los chinos padecen una hambruna que no comprenden, pues su presidente les dice que están teniendo las mejores cosechas en años y si él lo dice tiene que ser cierto, asistimos a un empobrecimiento del país que tampoco entienden, pues su presidente les dice que han superado en producción de acero a cualquier país del mundo y si él lo dice tiene que ser cierto, asistimos a la incomprensible caída en la ignorancia del país, pues sólo se preocupan de las palabras de Mao que… evidentemente tienen que ser ciertas.

La historia de este primer tomo termina con el anuncio de la muerte del presidente Mao, y con la perspectiva de un pueblo que ha perdido a su guía, y sin el cual no puede seguir adelante. El tiempo de la revolución de Mao ha terminado, y se abre un nuevo comienzo aunque, claro, para una población educada en la deificación de su líder, del que seguro que creían que iba a guiarlos por toda la eternidad, el nuevo comienzo es muy difícil de ver y el tomo cierra con una gran cantidad de rostros sumidos en la desesperación que van a alejándose cada vez más, hasta quedar como una mancha de la que sólo distinguimos su lamento en el bocadillo del texto.

Los pies vendados

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LI KUNWU, Los pies vendados

Lo interesante de Los pies vendados no es la manera en que cuenta la historia que cuenta, sino el simple hecho de imaginar que pudiera suceder algo así. Y no me refiero a la costumbre de romperles los pies a las niñas para vendárselos, que ya es de por sí algo salvaje (aunque salvajadas haya habido en todas las culturas y en algunas las siga habiendo), sino a que en tan corto espacio de tiempo pudieran sucederse en un mismo lugar tantos cambios, producidos no por el afán de desarrollo del país, sino por el de conquistar y mantener el poder.

Los pies vendados cuenta la historia de una niña campesina a la que le vendan los pies para que cuando crezca pueda encontrar un buen marido y salir así de la pobreza. Li Kunwu muestra una clara voluntad de que su novela gráfica sea leída fuera de las fronteras chinas, pues dedica gran parte de las viñetas a hacer entender al lector el porqué de esa costumbre. En primer lugar nos enfrenta a la niña, que no quiere que le venden los pies, pues ella quiere jugar, lo que nos hace sentir un enorme rechazo por la práctica, que consistía en romper los pies a las niñas y doblárselos sobre sí mismos al tiempo que se apretaban con fuerza con una venda para que se atrofiaran y no pudieran crecer (esto a grandes rasgos, pues si entramos en detalles la cosa se vuelve muy escabrosa). Tras esto nos muestra a la madre, que se debate entre no hacer pasar a su hija por esa tortura o intentar sacarla de la pobreza para darle un mejor futuro y, como lectores, no podemos sino entender sus motivos y sentir lástima por ella, por verse obligada a tomar esa decisión sólo por la posibilidad de que con ella su hija no esté condenada a la pobreza (pues no sólo se trata de que tenga que pagar por el proceso, sino que, si tiene éxito, su hija se casará con quien tenga una aceptable fortuna y dejará sola a la madre a su suerte, dado que según la tradición debe abandonar la casa de los padres y marcharse a la del marido, con lo que, aun consciente de la crueldad que supone, ella lo hace por amor a su hija, pues jamás podrá obtener nada de todo esto para su propia persona).

Tras vendarle los pies a la niña, se produce una elipsis en la que ya ha llegado a su edad casadera, y en la que, efectivamente, tiene una gran cantidad de pretendientes gracias a sus pequeños pies. Ahora, en una escena en un mercado que permite ver cómo era la vida de la época (y cómo es ahora, al menos en los barrios y mercados, pues sorprende ver lo poco que han cambiado ciertas cosas), asistimos a una serie de conversaciones entre hombres solteros deseosos de encontrar esposa en la que se nos pone al día sobre la importancia de que una mujer tenga los pies pequeños para ser una buena esposa, y se explica con bastantes detalles los tipos de mujeres según la forma, tamaño y flexibilidad de sus pies, haciendo comparaciones entre los pies de las mujeres de los distintos lugares de China, y explicando que los más preciados son los llamados “lotos de oro”. El nivel de fetichismo que alcanzan esas conversaciones deja estupefacto a cualquier lector occidental, pero son del todo necesarias para comprender por qué se nos cuenta la historia que se nos está contando y para que ésta no nos parezca una mera anécdota indigna de ser el centro de toda una novela.

Pero mientras se desarrolla toda esta escena más propia de unos lejanos tiempos medievales que de la primera mitad del siglo XX, aparece en escena el ejército revolucionario, que con ideas muy aceptables (hacer que unas tradiciones que repiten incesantemente esquemas que mantienen al pueblo en la pobreza desaparezcan) pero con métodos muy reprobables (hacerlas desaparecer por la fuerza y sin contar con el pueblo), anuncian la abolición de las costumbres imperiales, entre las que se cuenta el vendado de pies. Ninguna mujer podrá vendarse ya los pies y, las que ya lo hayan hecho, deberán quitarse inmediatamente las vendas, algo terrible para ellas, pues apenas pueden andar con sus pies rotos.

Mientras tanto la protagonista decide no quitarse las vendas y huye a su pueblo natal, donde será violada, a consecuencia de lo cual ya no podrá tener hijos, convirtiéndose así en una completa apestada en la sociedad china: marcada por las reprobables viejas costumbres, impura y sin poder dar descendencia a ningún hombre.

Años más tarde, ya una anciana, consigue entrar como niñera en casa de un cargo importante del nuevo gobierno, pero al llegar la revolución cultural, los guardias rojos, con su odio a todo lo que huela a pasado imperial, acusan a su empleador de estar dando cobijo a un elemento peligroso contrario a la revolución. De nuevo aquí se puede ver cómo Li Kunwu busca aproximarse al lector occidental, pues nada explica sobre la revolución cultural y los guardias rojos, sobradamente conocidos en occidente, a excepción de algunas escenas de estos en las calles para ponernos en situación, pero asistimos a una escena que a mí me produce terror. Cuando los guardias rojos entran en la casa a buscar a la protagonista lo hacen con enorme descaro ante quien se supone que debería ser su superior, pues su sola palabra acusatoria basta para conseguir la muerte de cualquiera, y se repite con insistencia la misma frase, muestra de que cualquier intento de diálogo o razonamiento está fuera de lugar, no hay cabida para los sentimientos dentro de esas personas que sólo siguen consignas: “Confiesa humildemente tu culpa” (cito de memoria, era algo así).

Sólo una cosa cabe achacarle a la novela gráfica, y es esa visión del individuo y del compromiso social tan bondadosa, que se aleja mucho de la realidad del país. Por lo demás esta historia de una mujer que tuvo que padecer todas las torturas del desarrollo chino y que, por ello, no pudo alcanzar ninguno de sus beneficios, es altamente recomendable y, por supuesto, muy interesante.

Una posibilidad entre mil

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CRISTINA DURÁN, MIGUEL A. GINER BOU, Una posibilidad entre mil

Todo lo que rodeó a la lectura de esta novela gráfica fue perfecto: hacerme con él a la salida del trabajo, entrar en una cafetería con una agradable temperatura, conseguir un sitio en un gran ventanal desde el que se veía el temporal exterior mientras iba anocheciendo y leer, de un tirón, de la primera a la última página.

La verdad es que no sabía con qué me iba a encontrar en su interior puesto que lo elegí un poco a lo loco, tan sólo eché un vistazo a los dibujos de unos cuantos cómics y dije: este. Si hubiera sabido que trataba de un drama social como el que expone probablemente hubiera pasado de largo, así que me alegro de no haberlo sabido. La historia trata de unos padres primerizos cuyo bebé, nada más nacer, tiene un derrame cerebral (no sé si este es el término correcto para lo que sucede, pues la medicina no es mi fuerte pero, tranquilos, jamás tendré que operar a nadie) y permanece con una incapacidad para el resto de su vida. Si ya es difícil tener a tu primer hijo, imagínense en esa situación. Ni que decir tiene que todo lo que viene después es un proceso de superación.

El dibujo a lo largo de toda la historia es en tonos verdes, lo que le da un aspecto tétrico muy apropiado al principio, pero creo que no tanto al final, cuando las cosas ya van mejorando. Me gusta especialmente una especie de mancha de petróleo que aparece sobre los protagonistas cuando la situación comienza a superarles, que en algunos momentos llega a cubrirlos por completo, mostrando de una manera muy sencilla la angustia de estos padres por su pequeña.

Quizá no muy recomendable para padres primerizos, por eso del miedo que pueda generar, pero muy interesante para todo aquel que guste de cómics únicamente de superhéroes.

Pyongyang

GUY DELISLE, Pyongyang

No se trata de una obra maestra pero resulta una lectura más que interesante. Guy Delisle, animador del Canadá francófono, viajó en ………. a Pyongyang para hacerse cargo de una serie de animación. En esta historia cuenta lo que vio allí durante aquellos meses.

La historia en ocasiones parece una mera parodia del régimen de Corea del Norte, pero él asegura que no, que excepto en aquellas ocasiones en las que los chistes que él introduce son evidentes, no se inventa nada. Es más, en muchas ocasiones no daba crédito a las cosas que estaba viendo. Así asistimos al desfile de un mundo gris en el que un sistema de gobierno demencial lo invade todo, convirtiendo a sus ciudadanos más privilegiados en soldados del país y, al resto, en mascotas obedientes dispuestas a lamer la mano de su amo.

Vemos autopistas descomunales que conducen a los monumentos del líder y por las que no transita nadie y poblaciones comunicadas por caminos sin asfaltar, ciudades en las que toda la iluminación se limita a los hoteles para los turistas, edificios cuya construcción ha sido congelada y permanecen eternamente inacabados, ciudadanos uniformados con el pin de su líder, mujeres que trabajan “voluntariamente” en las tareas de construcción y limpieza de la ciudad, niños con constantes e idénticas sonrisas que participan en desfiles de enaltecimiento de su líder… Pero de todo esto dos cosas llaman especialmente la atención, dos chistes tan atrayentes por lo trágico. El primero de ellos es una viñeta que muestra el reparto del arroz que el país recibe de la ayuda internacional: en él se muestra cómo aquellos más cercanos al partido pueden incluso tener excedentes, y como, conforme más alejado del poder se está, se recibe menos, hasta llegar a aquellos que no pertenecen al partido y que viven en un estado de absoluta pobreza y marginación social, como si no existieran. Al ver esa viñeta no he podido evitar recordar Farenheit 451, donde los que no se plegaban a la voluntad del gobierno tenían que recluirse en la marginalidad.

El segundo era un chiste que iba apareciendo a lo largo de la historia, en el que se nos mostraba a sospechosos de una ronda de reconocimiento para que identificáramos quiénes eran los enemigos del estado. Al final de la historia no quedaba ninguno.

Por lo demás, la historia resulta demasiado lineal para mi gusto, pero también muy entretenida e instructiva. No nos engañemos, no es una critica política ni social, aunque también contenga crítica. Es un libro de humor… humor de la tragedia.

>Kiki de Montparnasse

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CATEL & BOCQUET, Kiki de Montparnasse

La historia trata sobre una modelo que hace carrera en el París de la bohemia: mal empezamos. Advertiré antes de comenzar que me resulta difícil ser objetivo, pues siento no poca aversión hacia todo esa teatralidad de la bohemia, quizá por lo mucho que he tenido que sufrirla en mis años de universitario; pero que quieren, en una carrera como la filología uno se encuentra con demasiado sufridor con ganas de exhibir una supuesta liberalidad sexual.

A lo que iba. Kiki es una niña de provincias que va a vivir con su madre a París. Allí, al crecer, se hace modelo para pintores y toda su vida a partir de ese momento la pasará metida en el mundo de los artistas, el sexo y las drogas. Solo falta el rock’n’roll, vamos. El caso es que a pesar de todo este atrevimiento argumental no encontramos nada novedoso ni impactante en sus páginas; la disposición de las viñetas es muy clásica, al igual que los puntos de vista que nos ofrecen, e incluso nos damos de bruces con cierta moralina antridrogas llegados a un punto de la lectura.

Sin embargo sí que se nota cierta ambición en la novela, aunque no llegue a conseguirse su objetivo. Parece que los autores pretenden que esta novela gráfica suponga para Francia algo así como lo que La época de Botchan supone para el Japón. La representación de una de las épocas artísticas más importantes de cada uno de los dos países en el mundo moderno. Sin embargo toda la representación social que la obra de Sekikawa conseguía está ausente de esta Kiki de Montparnasse. En lugar de captar la esencia de la época, lo que nos ofrecen es tan solo un desfilar de anécdotas intrascendentes que poco aportan a la ambientación o al relato. Es más, muchas acciones quedan sin continuidad y se nos hace difícil entender después por qué sucede lo que sucede. Por ejemplo, cuando Kiki se hace modelo la ruptura con su madre es casi de odio pero luego su muerte supone la pérdida de un ser muy querido, al tiempo que no entendemos el porqué del odio de las mujeres de su pueblo, con las que hasta entonces parecía llevarse de maravilla. No se consigue tampo una identificación con la protagonista, a la que vemos pasar por la historia sin que nos importen demasiado sus victorias o desventuras.

Comparando esto de nuevo con La época de Botchan, quien lea Kiki no entenderá la época artística ni política por la que pasaba el país, como sí ocurría en aquella, ni entenderá la relación con el extranjero, los Estados Unidos en este caso, como sí ocurría en aquella, ni comprenderá el porqué de la aparición de tanto personaje del mundo de la cultura, como sí ocurría en aquella, y así un largo etcétera. Y no crean que esta comparación es gratuita, pues Kiki de Montparnasse sí que persigue todos esos objetivos, pero lamentablemente ese gran objetivo termina quedando en nada.