>Citas

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He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz.
JORGE LUIS BORGES, La moneda de hierro
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>Llibertat Franki

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No pensaba decir ni pío al respecto, pero es que ahora mismo estoy escuchando los gritos desde mi salón, y a pesar de todo lo que tengo que hacer voy a perder quince minutos escribiendo esto. Ayer se encaramaron dos tipos a una de las grúas de la Sagrada Familia: pagaron su entrada y sin que nadie se lo impidiera treparon por la grúa (?) encendieron una bengala roja para que se los viera bien y desplegaron una senyera. Y se preguntarán: ¿es que no hay seguridad en la Sagrada Familia para que no pasen estas cosas? Pues claro que la hay, que la iglesia vale un pastón (casi tanto como para pagarse una ronda de pintxos y dos cañas en Donosti). Pero lo que vigilan es que nadie se la lleve por piezas, así que las grúas están desprotegidas, cosa que supongo que cambiará a partir de ahora, porque claro, esa grúa ahora está parada, y si la grúa no trabaja eso es perder dinero y los catalanes son muy suyos en lo que al dinero se refiere. Además, a quién coño se le iba a ocurrir que a nadie se le iba a ocurrir semejante payasada.

Pues parece que se han subido ahí para protestar por la condena por ultrajes a la bandera española a que ha sido sentenciado un colega suyo, que en el 2002 se subió al consistorio de Terrassa y se cargó la que allí ondeaba. Dos años de prisión. La verdad es que me parece una puta barbaridad. Una multa maja sí que se merecía, pero no por ultraje a la bandera, sino por gilipollas y por deterioro del mobiliario público.
Los que me conocen saben que a mí los nacionalismos, sean de la especie que sean me producen cierta urticaria, y que el hecho de que alguien se cargue una bandera me trae sin cuidado: siempre que sea suya, ojo. Pero el hecho, en primer lugar, de hacerlo en público para poder provocar con ello me toca los cojones, eso produce una crispación innecesaria (como si no fuéramos poco inclinados ya de por sí a darnos de hostias). En segundo lugar, la bandera es pública y si se la cargan hay que sustituirla, y aunque no creo que sea mucha pasta hay que sustituirla con dinero público, así que nada, a pagarla y a pagar de paso una multa a ver si se les quita la tontería.
Pero lejos de molestarme lo que están haciendo estos dos, me hace cierta gracia, aún no me lo explico (seguro que esto retrasa la fecha de fin de obras en varios años). Los niños también han desplegado una pancarta en la que se lee: Defensar la terra no és cap delicte. Llibertat Franki. ¿hace falta decir algo más? ¿Qué tierra creen que defendían rompiendo un bandera? Yo es que no me lo explico. Y lo mejor es que parece que han conseguido apoyos, ahora mismo gritan consignas ininteligibles en las que destaca de vez en cuando la palabra llibertat.
Sólo un último apunte. ¡Cómo se nota cuándo un edificio es público! De la torre de Mapfre ya los hubieran sacado a hostias.

>Cosas que odio (aún más) desde que estoy en Barcelona (1)

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Odio a la gente que camina haciendo eses por la calle, así, como si les hubiesen disparado y estuvieran en trance de su agonía. Tratas, cuando tienes prisa, de pasarlos por la izquierda y automáticamente ellos comienzan a desplazarse hacia la izquierda, lo intentas por la derecha y ellos a la derecha. Si es que parece que te están viendo y lo hacen a mala hostia. Y empiezo por aquí porque hace unas horas uno de ellos (jfjajklmmkzfzx) casi me tira a las vías del metro.

Odio a los grupos de turistas. ¡Ojo! No a los turistas, sino a los que van en grupo. Esos que se reunen como imbéciles detrás de un tipo (aunque casi siempre es una mujer) que ostenta en alto una paleta con un número o incluso un paraguas en el más estúpido de los casos, y que habla en lenguas incomprensibles para los seres humanos (no para los grupos de turistas, que como todos sabemos no pertenecen a nuestra especie). ¡Joder! Es que todos los días tardo diez minutos en cubrir los veinte metros que separan la boca de metro de la Sagrada Familia (creo que no es tanta la distancia) y la puerta de mi casa. Los muy imbéciles se plantan en medio de la calle, te ven que no puedes pasar porque están ahí en medio como un puto rebaño de ovejas y no hacen ni amago de retirarse. Cuando regreso de Pamplona con la maleta tampoco: te echan a la carretera con maleta y todo (menos mal que he aprendido a utilizarla a modo de ariete). Estoy por comprar un rifle y disparar al de la paleta, por eso de que si matas al líder la manada se disuelve.

Odio a los medio subnormales que, hablando perfectamente español, se empeñan en responderte en catalán. ¡Y encima se ofenden si no los entiendes! ¿Acaso en Euskadi hace eso la gente? Insto a todo aquel que hable euskera a que si se cruza con alguien con acento catalán le entre en vasco y no se apee del burro por nada del mundo. Lo siento por los catalanes inocentes, que también son muchos, pero es que esto me saca de mis casillas.
Odio a la gente que se acerca a preguntar lo que sea sin la más mínima educación. Pamplona, hace semana y media: ¡Eh! ¡Dónde se compran los billetes! Y pongo admiraciones en la pregunta porque eso fue de todo menos una pregunta. Le faltó al viejo agarrarme, ponerme contra la pared y sacarme la información con métodos de tortura que casi seguro conocía. Todavía no sé por qué le indiqué dónde estaban las taquillas, aunque su mente Neandertal no parecía ser capaz de asimilar ningún tipo de información (juro que era tan sencillo como decir a la vuelta de esa esquina al tiempo que le señalaba la esquina en cuestión), y al instante regresó: ¡Oye, que allí yo no veo nada! Con la de gente que había en la estación de autobuses y me tenía que tocar el más imbécil.

>Javier Marías ya es académico (y 2)

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Ayer entró a ocupar la letra R de la Real Academia Española el sin par novelista español Javier Marías. Aquellos que aprendimos a leer de pequeñitos podemos alegrarnos por ello, porque a partir de ahora el diccionario comenzará a estar redactado como Dios manda. Todas esas abreviaturas de las que está plagado y que en ocasiones nos hacen pensar que estamos ante una recopilación de mensajes de móvil al fin desaparecerán, dará paso a una era en la que la gente escribirá las palabras enteras, aprenderá el uso de las comas (juro que el 90% de la población no tiene ni idea de dónde van), dejará de poner puntos donde nada pintan, quizá alguno descubra la existencia de los conectores y por fin deje de escribir telegramas absurdos… Ya me lo estoy imaginando: la luz idiomática de nuevo iluminando la lengua y cremando cual vampiros a todos esos “periodistas” sobrados de hormonas. Lázaro Carreter puede sonreír en su tumba, su sillón lo ha ocupado alguien a la altura de su predecesor.