Fresa y chocolate 2

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AURELIA AURITA, Fresa y chocolate 2

Ya tenía a mi disposición la segunda parte de Fresa y chocolate cuando leí aquella primera que con tanta insistencia denosté, así que dije, bueno, por otros veinte minutos tampoco pasa nada, bastante más tiempo me robó la lectura de la primera novela de Harry Potter y acabé por leerla igual. Así que me dispuse a leerla, y me encontré fue con una historia que espero que sea de ciencia-ficción. Y es que lo primero que el tomo advertía es que esta segunda parte había venido propiciada por el enorme éxito de público y crítica de la primera. Pues ya ven, o yo soy un insensible o el mundo ha perdido el norte.

Sin embargo he de comenzar con un reconocimiento, y es que esta segunda parte resulta más interesante, o al menos más entretenida, que la primera. El porqué de esto no es gratuito, pues no hace falta ser un lince para darse cuenta de que las insulsas escenas de sexo que ocupaban la totalidad de la anterior se han visto reducidas aquí a la mitad, lo que convierte a la otra mitad de la novela gráfica en algo que, como mínimo, provoca curiosidad, incluso con algún que otro momento de comicidad bastante conseguido, como es el caso del encontronazo de la protagonista con su vecino japonés y su posterior deriva, con un estilo muy parecido al de las novelas gráficas, también autobiográficas, del canadiense Guy Delisle (les recomiendo echar un vistazo a su visión crítica y cómica del mundo en Pyongyang, Shenzen, Crónicas birmanas o Crónicas de Jerusalén).

Sin embargo la cosa no pasa de eso, de ser más entretenida (que ya es algo, en comparación con la primera parte).  Esta vez asistimos a algunas peripecias en Japón, y eso es lo que mejora el asunto. Por lo demás, lo que aquí tenemos no es muy diferente de lo que vimos antes. La conclusión es la misma: puede leerse por curiosidad, pues el tiempo que nos roba es mínimo, pero no esperemos encontrar nada de provecho entre sus páginas.

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Fresa y chocolate

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AURELIA AURITA, Fresa y chocolate

Sexo, métemela por el culo, follamos sin parar, dura como el acero, si fuera un tío te me follaría, no hace falta ser un tío para follar conmigo, he roto tres consoladores, nunca me he visto con un consolador en el culo y otras lindezas por el estilo son las que conforman el 100% de los diálogos de una “novela gráfica” (nombre demasiado elevado para lo que hay en su interior) cuyo “argumento” gira exclusivamente en torno a un puñado de escenas sexuales (que no en torno al sexo). Es el equivalente gráfico a pasar quince minutos escuchando a un puñado de adolescentes con las hormonas desbocadas y alardeando de sus supuestos conocimientos sexuales. Curioso pero en absoluto interesante.

La protagonista (y se supone que también autora, pues al menos la cosa pretende ser autobiográfica), una dibujante de cómics en ciernes, francesa y de origen asiático, mantiene una relación con otro dibujante de cómics, también francés, veinte años mayor que ella, y con el que vive en Tokio. En un momento dado van a no sé qué evento de cómics, no sé dónde (tampoco es que se moleste mucho en explicarlo, pues toda explicación se limita a sus prácticas sexuales), y pasa por una serie de situaciones supuestamente curiosas, o incómodas, o cómicas, o vergonzosas, o yo qué sé en los hoteles, porque ella no tiene reserva y va “de incógnito” (así lo llama), con su novio. En los hoteles, aparte de sentirse avergonzada porque la tratan mal por hospedarse “por el morro”, tiene más escenas de sexo, no mucho más puede pedírsele a la historia. No hay una reflexión sobre el sexo (no al menos una que vaya más allá de “tú te dejas dar por el culo, no como las japonesas”), ni sobre el amor (al margen de algo así como “como lo quiero tanto le dejo que me dé por todas partes”), ni sobre la vida (creo que no hace falta que ponga otro ejemplo porque ya todos saben por dónde van a ir los tiros).

Esta sobreexplotación de escenas sexuales en detrimento de todo lo demás convierte al cómic en una suerte de hentai romántico, y digo lo de romántico por algo que me ha molestado bastante en su lectura. Y es que, a pesar de no ofrecer nada que no pueda ofrecer cualquier otra historieta erótica del montón, desde la primera página intentan meterle a uno la idea de que como lo ha escrito una mujer, la presentación de las escenas de sexo (tampoco es que haya nada más) tiene una sensibilidad especial, y presenta el sexo con naturalidad, y no se limita a la cosificación sexual, y no sé cuantas majaderías más. Cuando la realidad es que si esto lo hubiera dibujado un hombre automáticamente sería tachado de cómic erótico cualquiera, y pretender ver más allá sería considerado absurdo. Que nadie se me enfade, pues no digo esto porque la crítica lo haya puesto por las nubes por el hecho de ser una mujer la autora, pues en realidad no tengo ni idea de qué ha dicho la crítica. Mi problema es que es el mismo cómic, desde el interior de sus páginas, el que así lo plantea de una manera nada sutil, y eso rebaja bastante mi aprecio por él. Porque eso demuestra sus pretensiones, y la barrera impuesta para que nadie intente rebajárselas.

La única ventaja: se lee en veinte minutos tontos. Su inconveniente, cualquier otra cosa que se tenga a mano para ocupar esos veinte minutos será una mejor lectura. No te hace perder mucho tiempo y por eso uno puede permitirse echarle un vistazo, pero será un vistazo vacío. Cualquier manga erótico será una mejor opción si es lo que se busca, al menos los dibujos serán más sugerentes.

Nota: Olvidaba mencionar lo escatológico del origen del título, pues hace referencia a dos momentos sexuales de la, llamémosla historia, en los que se ven envueltos la regla de la protagonista y cierto accidente fecal. Nada más que añadir.

Cinco esquinas

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MARIO VARGAS LLOSA, Cinco esquinas

Cinco esquinas es el título de la última novelita que Vargas Llosa nos ha lanzado, y ese retorno a su Perú natal que parece estar viviendo en su mundo de ficción, se deja ver esta vez ya desde el título. Cinco esquinas es el nombre de un barrio obrero limeño, no en el que transcurre toda la novela, pero sí en el que se produce el evento que supone el centro de su trama.

La historia, ambientada al final del gobierno de Fujimori, gira en torno a dos matrimonios adinerados y un periodista amarillista que dirige una revista que se dedica a destapar o inventar las miserias del mundo del espectáculo, amén de algún otro personaje que sirve al desarrollo del argumento. El periodista Rolando Garro se hará con las fotos del empresario Enrique Cárdenas en una orgía, y las usará para chantajearlo. Poco imaginará él que la utilización de ese material será mucho más peligrosa de lo que había supuesto.

Lo cierto es que poco hay que comentar de la novela aparte de que es entretenidilla. Tiene una parte, en la que el periodista chantajea al adinerado empresario Enrique Cárdenas, que es interesante y que engancha, y otra, la historia de amor lésbico entre las dos mujeres de los dos matrimonios, que aburre y no llama la atención ni como intervalo erótico.

Entre medias asistimos a lo inseguro que es el Perú en esa época, a los desmanes del gobierno de Fujimori, lo difícil que resulta ganarse la vida honestamente en una sociedad tan corrupta… En realidad uno pasa por encima de la novela sin que ésta le resulte molesta, pero con la seguridad de que pronto olvidará su contenido, pues sus dos mayores virtudes son la de ser una lectura ligera y la de que se lee casi de un tirón. Una lectura para un domingo que uno no tenga planes, que nos resultará agradable, aunque también es fácilmente sustituible por cualquier otra.

El monstruo de Hawkline

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RICHARD BRAUTIGAN, El monstruo de Hawkline

Greer y Cameron son dos pistoleros contratados para eliminar a un monstruo que mató al doctor Hawkline y que asedia a sus dos hijas.

Esta es la premisa de una historia descerebrada y divertida que mezcla humor, sexo, una historia del oeste en su primera parte y una ambientación gótica en la segunda (muy adecuado ese subtítulo de Un western gótico), mientras es un relato cómico en todas sus partes.

La verdad es que, a pesar de lo mucho que me ha gustado la novela, poco puedo decir que ella que vaya más allá de la parodia de los géneros. Lo que comienza con una serie de escenas sin demasiado sentido para que conozcamos a los dos protagonistas, y continúa hilando una historia lineal repleta de sucesos absurdos que podríamos pensar que no deberían tener cabida en ella, poco a poco va dando lugar a un misterio que atrae al lector y lo anima a seguir leyendo para averiguar en qué acabará todo eso (sin renunciar jamás al absurdo y a los giros más descerebrados, por supuesto).

A lo que no da lugar en modo alguno es a los convencionalismos. Los pistoleros no son rudos, sino que meditan sus actos y se ponen en el lugar del otro; las “damas indefensas” no buscan cobijo en sus protectores para caer rendidas al final, sino que desde un principio buscan sexo y lo plantean de la manera más cruda (no me atrevería a llamar natural a la forma en que lo hacen) posible; el terrible monstruo, más que el típico peligro que todo monstruo supone, acaba pareciendo más un niño malcriado sediento de travesuras y no de sangre. Ni siquiera se nos permite tener un final feliz, pues si bien los dos pistoleros terminan el relato emparejados con las dos hermanas Hawkline tras haber rescatado a su padre, también tenemos un último capítulo a modo de epílogo que se encarga de aniquilar toda esa posible magia de estilo hollywoodiense. Podría decirse casi que la novela se dedica a transitar lo más típico de las novelas del oeste y de misterio para ir destruyendo ese camino mediante burlas y absurdos.

Autobiografía de una pulga, Memorias de una cantante alemana y breve resumen de La sonrisa vertical

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ANÓNIMO, Autobiografía de una pulga

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WILHELMINE SCHÖEDER DEVRIENT, Memorias de una cantante alemana

Hasta la página 22 de Autobiografía de una pulga y hasta la 30, más o menos, de Memorias de una cantante alemana. Esta vez no he intentado terminármelos. Si recuerdan lo que dije de Fanny Hill, esto es exactamente lo mismo y no estaba dispuesto a leer cientos de páginas de abuso de metáforas sexuales.

Autobiografía de una pulga es la historia de una pulga que está en el cuerpo de una mujer, porque supongo que en el de un hombre no sería lo mismo, y nos cuenta las hazañas sexuales de la chica. Ya nos avisa que no va a explicarnos por qué tiene conciencia humana, pero no dice nada de cómo es capaz de ver los pezones y el interior de su vagina al mismo tiempo. Todo ello edulcorado con frases de alto calado artístico del tipo “Bella lanzó un gritito al notar la vigorosa incursión en sus encantos secretos”, y otros por el estilo.

Memorias de una cantante alemana va por los mismos derroteros. Se trata de la vida y hazañas sexuales de… pues de una cantante alemana. Y tampoco nos ahorra elevadas metáforas incapaces de tentar a nadie.

En mi situación geográfica no he podido hacerme con los tomos de El año del Calipso, ni Maravilla en el país de las Alicias, así que aquí doy por concluido mi recorrido por esta colección de novela erótica con la que El País nos ha agasajado. Los únicos que en verdad me han llamado la atención han sido Historia de O, Las amistades peligrosas, Llámalo deseo y La Venus de las pieles, y de esos cuatro el único realmente erótico, quiero decir, que tenía el erotismo como factor fundamental, era Llámalo deseo. Tras decir esto parece que debo admitir que el erotismo por el erotismo no tiene mucho fundamento, o al menos no lo tiene para mí, pues las novelas que me han motivado son las que lo usaban como excusa para ir más allá. Es más, la que más me ha gustado, Las amistades peligrosas, ni siquiera puede decirse que sea una novela erótica.

Como conclusión, diré que este tipo de novelas son de esas que, una al año no hacen daño, pero tragarse una por semana puede producir serios empachos, y quizá ese sea mi caso y el motivo por el que no he podido ni siquiera plantearme el terminar las dos últimas.

El impudor de la mirada

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OCTÁVIO LOTHAR, El impudor de la Mirada

Denise, una joven europea contratada por un sultán oriental para administrar la libido (¿?) de las mujeres de su harén, escribe doce cartas a su novio-amante-prometido Pierre, a través de las cuales nos enteramos de todo lo que sucede en ese exótico lugar.

Y esa es la palabra clave: exótico. Pues fuera del exotismo que destila el lugar poco más aporta la historia. Cosa que me extraña, pues veo que es una novela del año 2003, y este tipo de planteamientos me resultan bastante decimonónicos. ¿A quién, hoy en día, la excusa del harén le resulta un gancho erótico para acercarse a una historia? Más aún, ¿quién queda atrapado por los misterios de ese lugar poblado de mujeres sin libertad, dominadas todas ellas por una sed de sexo casi imposible de satisfacer, que luchan enamoradas por los favores del único marido de todas ellas? O más exactamente, ¿quién se traga hoy semejante visión de las cosas?

La respuesta es sencilla: nadie. Y eso hace que nos veamos frente a una novela que, sí, puede tener cierto interés arqueológico si somos capaces de convencernos a nosotros mismos de que tiene 100 años en lugar de 10, pero nada más. Tratándose de una novela moderna podría haber usado la excusa de esa concepción decimonónica del harén oriental para desarrollar las relaciones personales en un ambiente así de enfermizo, para hacer hincapié en los procesos psicológicos de las que allí viven o de la protagonista, podía haber usado el lugar a modo de metáfora de la realidad social actual, podía haber equiparado las relaciones de poder que ahí dentro se dan con nuestra jerarquía social… no sé, podría haber hecho algo. Pero no, lo único que nos ofrece son escenas supuestamente exóticas y sexuales, algo que pretende ser un tabú, como una mujer tocando libidinosamente a otra, o azotándola como castigo sexual, o la presencia de cinturones de castidad, o de eunucos, que son algo muy raro y además son muy malos, o la presentación de todas las mujeres del harén como perras en celo incapaces de controlar sus instintos.

Algo bastante tópico y carente de interés que termina cuando una revolución fuera de las puertas de palacio termina con ese mundo bruscamente. Será una metáfora de la llegada de la modernidad al interior de esos muros. Tampoco importa mucho. Además, da la sensación de ser tan sólo una manera fácil de cerrar una historia que ya ha llenado las páginas suficientes para poder ser considerada una novela.

Diálogos de cortesanas

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PIERRE LOUYS, Diálogos de cortesanas, seguido de Manual de urbanidad para jovencitas

Novela entregada con El País el 14 de junio de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Creo que voy a ser breve en esta ocasión. Diálogos de cortesanas se compone de una colección de diálogos de una página más o menos cada uno y sin solución de continuidad. Los diálogos en cuestión no resultan ni un poquito eróticos, y utilizan un tono y vocabulario bajos y soeces, sin ningún tipo de gracia ni como situación cómica. Les transcribo a continuación, para que se hagan una idea, uno de los más breves, aunque por lo mismo también de los menos soeces.

“–Oye, nene, ¿has acabado ya de gozar? Bueno, pues ¿sabes qué se hace cuando se acaba de dar por el culo a una chica? Se le saca la polla del culo. Si tus cojones ya están vacíos, vete a lavarlos.
”–No, chata. Se está bien en tu culo; se está calentito. Deja que vuelva a empezar.
”–¿Dos polvos sin sacarla? ¡Mierda, qué ancha me voy a quedar!”

 

Con respecto al Manual de urbanidad para jovencitas, no hay demasiada diferencia con respecto al primer título que compone el libro. Se trata de una serie de consejos ajenos a cualquier situación lógica, que las señoritas deben seguir para comportarse como tales, y que repiten el empeño de los anteriores diálogos por superarse en bajeza. Nada interesante, pero les dejo también un par de esos consejos para que vean por dónde van los tiros.

“Cuando se masturbe bajo el pupitre, no se limpie el dedo mojado en el cabello de su compañera, a no ser que ella se lo pida”
“Si su señor padre le pide que se la chupe, no tenga el despiste de decirle que su picha huele al coño de la criada. Podría preguntarse por qué reconoce usted ese olor”

 

Con estos dos ejemplos, poco más tengo que añadir. Juzguen ustedes mismos, yo ahora estoy entre sorprendido y preocupado.