Fanny Hill

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JOHN CLELAND, Fanny Hill

Novela entregada con El País el 7 de junio de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Página 111. Ese ha sido el límite hasta el que mi paciencia me ha permitido leer, las otras 70 páginas permanecerán inexploradas por mí, pues no tengo ni la más leve intención de retomar su lectura jamás. Aunque he leído de forma veloz por Internet, que la protagonista acaba felizmente casada y con una vida burguesa. Eso ya es suficiente para mí, no siento ninguna necesidad de saber cómo llega a suceder.

La novela cuenta la historia de Fanny, una chica de pueblo que ya de jovencita va a la ciudad a servir en un burdel. Ella es totalmente inocente por esa época y no sabe muy bien de qué va la cosa. Poco a poco irá aprendiendo, aunque en su discurso frente al lector siempre pretenda mantener esa pretensión de que continúa siendo una chica inocente, que no sabe nada del sexo, que es de lo que trata la novela. Varias veces parece que va a conseguir ascender y salir de la calle, pero varias veces fracasa en su empeño. Pero como he dicho, parece que al final consigue un matrimonio medianamente acomodado, por lo que ya puede respirar tranquila para el resto de sus días.

A nadie que lea este brevísimo resumen se le escapa las similitudes que esta novela tiene con la novela picaresca, en la que el pícaro, inocente al principio, va aprendiendo poco a poco (igual que Fanny), aunque mantenga frente al lector unas pretendidas rectitud e inocencia (igual que Fanny), y, tras varios fracasos (igual que Fanny), llegue a un final que supone una mejora con respecto a su estado inicial (igual que Fanny). Según este esquema, queda de relieve que Fanny Hill no es una mera novela erótica, sino que, al igual que la picaresca española, pretende poner de relieve una problemática social, lo cual creo que no es suficiente para salvarla, pues su desarrollo resulta insufrible.

Explico por qué. Podríamos dividir lo que va sucediendo en dos tipos de escenas: las que desarrollan la vida de Fanny y con ella el argumento de la novela, y las escenas de descripción sexual. Y el problema es que las últimas, presentadas de una manera supuestamente poética, resultan tediosas hasta la náusea, con larguísimas descripciones y metáforas “ingeniosas” de los sexos masculino y femenino, que hacen que encuentros sexuales de lo más simples y poco atractivos atraviesen páginas y páginas. De hecho, lo interesante de esta novela erótica es lo que sucede en la otra parte de la historia, cuando se nos ahorra todo ese pretendido erotismo. Si en alguna anterior ocasión dije que hay ciertos libros eróticos que nos hacer pasar de puntillas sobre las páginas de transición para llegar a la próxima escena sexual, que es lo que nos interesa, aquí sucede al revés. Uno puede leer con interés la vida de Fanny Hill, pero cuando empiezan las escenas sexuales no ve el momento de que terminen de una vez para poder seguir con la historia. El problemas es que esos encuentros sexuales, sin hacerse ni por asomo más imaginativos, son cada vez más largo, y el desarrollo de la historia empieza a convertirse en algo puramente testimonial, con lo que, incapaz de leer nada más sobre el enhiesto soldado, o la entrada a la gruta, o la caverna húmeda, o la redondez florida y lustrosa de sus muslos, o el terrible aparato, o la maravillosa bolsa de dulces tesoros… y así hasta el infinito, la página 111 es la que ha puesto fin a semejante suplicio.

Si quieren sorprender a alguien de mente retorcida con su arsenal de metáforas para los momentos íntimos, no hay duda, ésta es su novela. En caso contrario, no les recomiendo que pierdan el tiempo que yo he perdido con ella.

La venus de las pieles

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LEOPOLD VON SACHER-MASOCH, La Venus de las pieles

Libro entregado con El País el 31 de mayo de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Al parecer es el autor de esta novela quien dio nombre a la costumbre sexual conocida como masoquismo, y no es para menos, dadas las crueldades que recorren sus páginas. La cosa comienza con un largo diálogo entre el protagonista, Severin, y su amada, Wanda. En este diálogo él le declara su amor y se arrastra en un monólogo en el que habla de crueles mujeres que, a pesar de su crueldad, o precisamente por ella son recordadas aún, y con una serie de referencias clásicas que parecen inagotables, expone cómo le gustaría ser el objeto de las crueldades de una mujer como esas, cómo se convertiría en su esclavo y recibiría enamorado todos sus castigos por crueles que estos fueran.

Tras las quejas por parte de Wanda, ésta acepta y firman un contrato por el cual Severin será su esclavo desde ese momento. A partir de ese instante Wanda se irá volviendo cada vez más cruel y la voluntad de Severin se verá cada vez más disminuida, todo esto a través de múltiples escenas en las que ella lo despreciará, lo golpeará con un látigo, se dejará cortejar por otros… Hasta dar al final con un hombre que la domine a ella, momento en el que abandonará a Severin, pues, como ya le había advertido al principio de la historia, antes de aceptar su papel de dómina, lo que ella quería era un hombre que la dominara a ella, y no al revés.

Así que al final la fantasía sexual de Severin se ha vuelto contra él, creó a la mujer de sus fantasías para poder disfrutar de una relación antinatural y recibió su castigo de manos de su creación. Esta idea es expresada en la novela por medio de la historia del toro de bronce de Dioniso, aquel método de tortura que se colocaba sobre las llamas y en su interior al condenado, oyéndose sus gritos de agonía desde el exterior como si fueran el mugido del animal, y cuyo funcionamiento probó el tirano Dioniso con su inventor. De modo que igual que el inventor del toro murió a manos de su cruel invento, Severin ha de sucumbir a manos de la monstruosa mujer que él ha creado.

Vemos entonces que todas las perversiones que atraviesan la novela no son sino la excusa para una enseñanza de orden moral, para mostrar la dualidad entre las elevadas aspiraciones humanas, aquí representadas por la disposición del protagonista de servir a ese bien superior del amor y la belleza, y nuestra capacidad para acabar en el fango, humillado y sin nada, como Severin termina. Incluso Masoch cierra su historia con dos claras moralinas que no la hacen desmerecer en absoluto, sino que añaden, creo yo, claridad a lo ya narrado. En una de ellas dice el protagonista que “el que se deja dar de latigazos, lo merece”, en clara referencia a la dignidad humana. Severin pierde esa dignidad al humillarse ante alguien inferior al él y por ello no merece nada más que lo que le sucede a partir de ese momento.

Supongo que más de uno se habrá sublevado cuando acabo de decir que Wanda es inferior a Severin, por el mero hecho de ser mujer, pero es que ahí radica la segunda moralina, que resulta mucho más feminista de lo que pueda parecer a tenor de estas afirmaciones. Dice Severin: “La moraleja es que, tal como la naturaleza la creado y como el hombre en la actualidad la trata, la mujer es enemiga del hombre, pudiendo ser su esclava o su déspota, pero jamás compañera. Sólo cuando el nacimiento haya igualado a la mujer con el hombre, mediante la educación y el trabajo; cuando, como él, pueda mantener sus derechos, podrá ser su compañera.” A mi modo de ver, estas palabras, que son una recriminación a sí mismo por haber intentado que Wanda fuera su compañera a pesar de la gran desigualdad entre ellos (provocada por él en esta historia), suponen más un lamento por la muy diferente situación entre hombre y mujeres (no olvidemos que estamos ante una novela de 1870) y un reclamo de igualdad para ambos, para poder hacer juntos el viaje de la vida. Pide la misma educación para la mujer que un hombre puede recibir, y pide las mismas obligaciones (trabajo) que un hombre tiene que afrontar, esto es, igualdad absoluta, para que hombres y mujeres puedan tratarse en igualdad y jamás deba depender el uno del otro, lo que provoca relaciones de dependencia. Y este sorprendente discurso del final me parece de lo más acertado.

En resumen quien busque escenas de dominación, mejor debería acudir a Historia de O, o a Llámalo deseo, o incluso a la aburridísima Siete semanas y media, porque las escenas de latigazos y demás me ha dado la impresión de ser narradas de una manera bastante cruda, no muy cercana al erotismo (más bien en absoluto erótica), y la finalidad perseguida es otra muy diferente.

Llámalo deseo

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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ DEL CORRAL, Llámalo deseo

Libro entregado con El País el 24 de mayo de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Dos historias son las que se entrecruzan en esta novela erótica, las dos en la persona de su protagonista, Belén. En una de ellas, Belén siente una curiosidad de índole sexual por Héctor, un tipo solitario que acude todas las tardes a bucear en la misma piscina que ella. En la otra, las revistas de jovencitas maniatadas que ha visto en casa de Héctor le hacen sentir curiosidad por ese fetiche sexual y acude a un sex shop en el que encontrará a Claudia, que alquila películas porno sadomasoquistas para verlas con su marido Luis, que perdió los pies en un accidente y se encuentra postrado en una silla de ruedas. Al conocerse ambas, organizarán un encuentro sexual entre ellas dos y su marido en el que remedarán una de las escenas de ese tipo de películas.

El breve argumento descrito deja bastante a las claras que se trata de una novela que busca despertar el erotismo por medio de la descripción, que nunca llega a ser excesivamente detallada ni soez (errores que habrían resultado imperdonables), de los encuentros sexuales. No sólo de los encuentros, sino también de todo lo que los precede, las situaciones, los pensamientos, las sensaciones… creando así un ambiente que casi hace participar al lector en las fantasías de los protagonistas.

No encontrarán ninguna tesis filosófica en estas páginas, así que recomiendo que se abstenga de la lectura quien busque cosas profundas. Se trata de una lectura ligera, que no esconde nada más allá de la propia historia que nos cuenta, pero que se esmera en contárnosla de la manera más adecuada posible, sin caer en tópicos sadomasoquistas de los golpes terribles de los que tanto abusaba Historia de O y no sólo no espaciando en exceso un encuentro sexual del siguiente, sino haciendo que la tensión sexual continúe latente en las páginas intermedias, de modo que el lector siempre tiene la sensación de que cada escena, por inocente que sea, puede acabar con los personajes que intervienen en ella uno en brazos del otro, sin importar quienes sean los personajes en cuestión.

Quizá el mayor fallo de la novela sean esos dos primeros capítulos con una prosa bastante pretenciosa, casi como si el autor tuviera la necesidad de demostrar que, a pesar de ser una novela erótica, también puede serlo de altos vuelos sólo por el empaque de una prosa que llega a resultar pesada. Afortunadamente, como digo, esto no pasa de esos dos primeros capítulos, luego la cosa se relaja, aunque de vez en cuando podemos encontrar algunas expresiones desafortunadas que buscan esa supuesta grandeza.

Es una novela erótica, eso sin duda. Es entretenida, eso sin duda. No es Proust (vaya afirmación más tonta) pero sin duda merece el tiempo dedicado a su lectura.

Púrpura profundo

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MAYRA MONTERO, Púrpura profundo

Libro entregado con El País el 17 de mayo de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Aburrida. Muy aburrida. Poco más puedo decir de esta novela. Hasta tal punto me ha parecido aburrida, que poco tiempo después de haber concluido su lectura a duras penas puedo recordar su argumento. Haré un esfuerzo, dando un sinopsis muy esquemática. La cosa trata de un crítico de música clásica que trabaja para un periódico que se jubila y, como la jubilación es un coñazo, decide escribir sus memorias. Entonces comienza a contarnos una serie de encuentros sexuales a cual más aburrido con las integrantes femeninas de las orquestas a las que iba a escuchar tocar, encuentros, por cierto, que aún no estoy seguro de si pertenecen a las memorias esas que está escribiendo o nos los cuenta sólo porque sí. Pero los cuenta, y cada uno es igual al anterior, con una introducción de cortejo amatorio tan sosa como pretenciosa que termina en relaciones sexuales que podríamos llamar fuera de lo común las más de las veces: hay una sadomasoquista, una relación homosexual, otra que no sé si quería suicidarse o algo así…

Resulta evidente que no he prestado demasiada atención a la lectura, pero creo que su contenido tampoco lo merecía. Soy de la opinión de que un libro requiere que se le dedique mucho tiempo (yo leo muy despacio), y si el libro no merece esa dedicación, pues hay que cerrarlo sin remordimientos y abrir el siguiente. De este diría que podría leerse una página sí y diez no, uno de esos libros que se leen buscando tan sólo un pasaje de sexo, y que cuando éste termina se pasa de puntillas por encima del texto a la caza del siguiente. Para desgracia de quien quiera practicar este tipo de lectura, los pasajes sexuales, que más o menos aparecen al final de cada capítulo, tras una larguísima y sonrojante preparación del lector, resultan terriblemente anodinos.

En medio de todo esto, muchas disquisiciones sobre el amor, y el sexo, y las mujeres, y la música… todo ello con un vocabulario grandilocuente y pretencioso que aburre a mitad de frase.

Me sorprende, por otro lado, estar escribiendo una crítica tan dura, puesto que veo en Internet que la tal Mayra Montero, de quien jamás había oído hablar antes de ahora, es una prominente figura de las letras puertorriqueñas. Yo sólo puedo decir que, hacia la mitad de la novela, empecé a llevar a cabo esa práctica de leer una página y saltarme diez, y que no me veo en condiciones de recomendar esta novela a nadie.

Siete contra Georgia

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EDUARDO MENDICUTTI, Siete contra Georgia

Libro entregado con El País el 3 de mayo de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Siete contra Georgia, tras Historia de O, supone el primer libro serio de esta colección de novela erótica que está entregando El País. Aunque si bien en Historia de O el sexo y la dominación se nos revelaban como un gancho para atraer al lector hacia una lectura más profunda, aquí es lo esencial. Es una historia de sexo, y de eso es de lo que se nos habla: de sexo, de una especie de liberación sexual. Aunque a algunos pueda resultarnos poco o nada erótico, pues lo que cuenta son las experiencias sexuales de siete homosexuales, y cambiar de bando siempre resulta complicado. Sin embargo he dicho que por fin es una novela seria, y si digo esto es porque no se limita a contar encuentros sexuales de la manera infantil en que lo hacían las anteriores, sino que toda la escena está muy elaborada, con un lenguaje barriobajero y oral pero que al mismo tiempo forma un discurso fluido de largos párrafos que nos trasladan de un punto a otro de la historia casi sin que nos percatemos de ello.

Siete contra Georgia cuenta la historia de siete homosexuales que deciden grabar una confesión cada uno de ellos con sus vivencias sexuales y mandarlas todas juntas a Georgia, por una ley allí establecida que condena sus prácticas sexuales. Lo que nosotros leemos son siete historias independientes, contada cada una por su protagonista, lo que convierte esta falsa novela en una colección de cuentos unidos por la intención de denuncia que tienen sus protagonistas.

Lo más interesante, como ya he dicho, resulta el lenguaje empleado por los protagonistas, siempre muy fluido y oral, con gran profusión de vocabulario vulgar, pero con características diferenciadoras en cada historia, lo que crea la ilusión de que, si bien los siete protagonistas pertenecen, más o menos, al mismo nivel sociocultural, no son intercambiables, cada uno tiene sus historia personal y hay marcas en su vocabulario, su humor y sus referencias que los diferencian. En otras palabras, tienen personalidad y esa personalidad se refleja en su relato.

Pero no todo es positivo. Cada vez que cambia la voz del narrador es un volver a empezar. Cuando una historia termina comienza otra que caminará por pasos muy similares y así hasta siete veces, con lo que uno termina con la sensación de haber leído siete veces la misma historia, que con leer uno de los cuentos bastaba, o que como mínimo no era necesario leerlos todos seguidos.

Ligeros libertinajes sabáticos

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MERCEDES ABAD, Ligeros libertinajes sabáticos

Libro entregado con El País el 19 de abril de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Espero que la propuesta de novela erótica para la primavera de 2015 que ha llevado a cabo El País mejore enteros, porque de momento las dos primeras entregas dejan bastante que desear.

En Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad, tenemos una colección de cuentos de tema erótico (es un decir). Todos y cada uno de ellos resultan aburridos y carentes de todo interés, hasta el punto de que he llegado a hacer una lectura vertical de la mayoría. La mayor parte de las veces se nos presenta una historia anodina cuyo único interés es la morbosidad de llegar a un supuesto clímax sexual que nunca llega a producirse (por lo aburrido del asunto). No me parece este un motivo poco legítimo para mover la historia pero… ¿Una historia basada exclusivamente en el erotismo y que ni de lejos resulta erótica?

No voy a comentar gran cosa de los cuentos porque, siendo sincero, ni se me ocurre qué podría comentarse sobre ellos, ni para bien ni para mal, tan vacíos de todo están. Sí que quiero llamar la atención sobre uno de ellos, que cruza la barrera trazada por el resto, para convertirse en un ejemplo de absurdo y mal gusto, titulado Dos socios inolvidables o El erotismo de la lógica. Supongo que por el título ya habrán notado que se trata de una adaptación erótica del desdichado de Sherlock Holmes (desdichado por haber terminado en un sitio como éste, sin posibilidad de defenderse). Pues nada más y nada menos que una fantasía homosexual es lo que tenemos aquí, contada por Watson, cómo no, con una profusión de descripciones sobre la polla de Sherlock (para que voy a ponerme yo exquisito si esa es la palabra que insistentemente utiliza): “Polla virgen, polla limpia, indecente capullito celosamente reservado para el beso de los gusanos. ¿Acaso imaginas que un buen lengüetazo en la cabeza de tu polla acabaría con tus proezas deductivas?” Y así durante varias páginas que producen vergüenza ajena cada vez que pensamos en la pareja de detectives de Doyle, para terminar con Watson decepcionado porque Sherlock se masturba.

Bueno, una cosa ha tenido de bueno este libro: era muy corto y me ha servido para saber que debo huir de cualquier cosa que escriba esta señora.

P.S.: El tercer título de la colección, entregado el 26 de abril de 2015, es Historia de O, que ya reseñé en su momento, y que supone la primera lectura interesante de esta colección.

Nueve semanas y media

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ELIZABETH McNEILL, Nueve semanas y media

Libro entregado con El País el 12 de abril de 2015 en su colección de novela erótica de La sonrisa vertical.

Nunca vi la película protagonizada por Kim Basinger y el guaperas que se ha vuelto feo, así que nada sabía de la historia que cuenta, mucho menos que fuera de temática de dominación sexual. Pero el caso es que más allá de eso (y me parece bien poco) poco o nada tiene de interés esta novela, que no pasa de ser un intento de émulo de Historia de O, incluso menciona la novela francesa en una ocasión a mitad de la historia.

Una mujer conoce a un hombre rico e inmediatamente se muda a su casa. Él la mantiene y le da todo lo que ella pueda necesitar (incluso alguna que otra cosa que como mínimo puede resultar escabrosa), pero poco a poco (en realidad no tan poco a poco, pues queda bien claro que toda esta “historia de amor” dura exactamente nueve semanas y media) su relación va volviéndose un tanto peculiar. Él se revela un amo que va dominándola, primero psicológicamente, para someterla después a una serie de castigos físicos, aunque es la tortura psicológica la que predomina. La voluntad de la mujer está a su disposición, hasta el punto de que, cuando ella no quiere hacer algo que él le pide, sencillamente la amenaza con echarla, y eso basta para que ella acceda.

Pero, a diferencia de Historia de O, no puede apreciarse aquí cómo la protagonista va adentrándose poco a poco en ese mundo, sino que de repente está ahí, y al lector no le queda más remedio que tragar con ello. La autora nos pasa esto como relato autobiográfico, algo que, la verdad, cuesta bastante de creer. Todo está contado sin entusiasmo ni dedicación, un puñado de frases cortas que no parecen tener otro objetivo que hacernos esperar hasta la siguiente escena sexual, resuelta siempre con la misma frialdad, lo que la convierte en una lectura mecánica, un mero transcurrir de páginas sin ningún interés. Incluso las escenas “truculentas”, destinadas a captar la morbosidad del lector, resultarían cómicas de no ser por lo desconcertantes. Les dejo un ejemplo: “Me compraba los tampones, me los insertaba y los sacaba. La primera vez, al verme estupefacta, dijo: –Yo te como mientras tienes la menstruación, y a los dos nos gusta. No es distinto”.

La historia termina de repente, con un: “Al día siguiente inicié un tratamiento que duró varios meses. No he vuelto a verle”. Como si no hiciera falta terminarla: Ya he llenado más de 100 páginas, así que esto ya puede considerarse una novela; además, he metido unas cuantas escenas de sexo, así que ya puedo venderla como erótica, y algunas de ellas son así como sado y tal, así que mi novela es subversiva, que eso siempre tira mucho. Me imagino a la autora pensando algo parecido. En definitiva, las 50 sombras de Grey de los años 80.