>Joyas literarias juveniles

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Joyas literarias juveniles, tomo 21

Recientemente un amigo me ha regalado una edición moderna de aquellos cómics que en nuestra infancia (y en épocas anteriores a ella) se hacían de grandes clásicos de la literatura para acercar a los niños a ellos. Hoy ese concepto, por desgracia, parece ya no existir, en favor de una exagerada proliferación de novela pseudoinfantil que parece buscar, más que la formación de un criterio cultural, una simple cifra de ventas. De verdad creo que Michael Ende es el último gran novelista para niños, Miguel Delibes en el caso de España (todos los niños deberían leer Tres pájaros de cuenta).

Lo bueno de aquellos cómics es que nos acercaban las grandes historias que había producido el ingenio humano, pero en una clave que nos resultaba mucho más cercana a nuestra aún corta edad. El paso del tiempo se encargaría después de que los recordáramos con nostalgia y quisiéramos acercarnos al texto original.

Y este obsequio fue doblemente interesante, pues no sólo trajo de vuelta a mis manos aquella época, sino que además el volumen traía consigo tres títulos que jamás he leído, ni en su versión comiquera ni novelística. El primero de ellos Enrique de Lagardère (El jorobado, en su título original) de Paul Féval, sí que era un viejo conocido por sus versiones cinematográficas, la última de las cuales, si mal no recuerdo se titulaba En guardia y se anunciaba con la frase “si tu no vas a Lagardère, Lagardére irá a ti”. Lord Jim de Joseph Conrad y Las aventuras del Barón de Münchausen son los otros dos títulos que completan el tomo. En ellos la historia queda despojada de cualquier cosa que no sea la pura aventura, que es lo que atrae al niño, pero así debe ser: eso aviva su imaginación y lo predispone al descubrimiento, a la búsqueda, más sosegada esta vez, de las obras originales y de todo el mundo literario y cultural que se desprende de ellas.

Como contrapartida, hay que admitir que el dibujo de estos cómics no ha envejecido demasiado bien y necesita un urgente lavado de cara, porque esas viñetas de aspecto antiguo y tan rígidas lo tienen difícil para atraer a un público que está acostumbrado, en la actualidad, a algo mucho más dinámico. Estaría bien que alguna editorial se dedicara a reescribir en clave de cómic a los grandes clásicos, tal como se hizo entonces, actualizando su estética, de la misma manera que que se hace en el cine. Porque al público infantil hay que ofrecerle, no exigirle, lo que me hace pensar en lo infantiles que nos hemos vuelto como público cinematográfico.

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>A través del espejo

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LEWIS CARROLL, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí
Si Alicia en el país de las maravillas es el juego de las ideas, A través del espejo es el de las palabras. La comicidad conseguida entonces a través de la desestructuración de situaciones habituales, se consigue ahora a través de la conversación, mediante la desautomatización del lenguaje y un sutil análisis de la conversación, que fabrica chistes hilarantes para los niños y dilemas sociolingüísticos para los adultos. Y es que esta segunda parte, más interesante y mejor estructurada que la primera, más ambiciosa en suma, parece empeñada en que reflexionemos acerca de cómo nos comunicamos, algo que viene favorecido por la evidente falta de entonación en el texto escrito.

Los elementos más recurrentes son la literalización de frases hechas, la dilogías siempre dispuestas a la confusión y la libertad en el uso del lenguaje, que llega a confundirse con su desconocimiento. Elemento este último que, si bien ya se molestó Carroll entonces en nombrarlo, hoy en día alcanza cotas preocupantes, sobre todo en los profesionales del lenguaje, como es el caso de muchos periodistas y algunos escritores.

En definitiva se trata de una historia mucho mejor cohesionada que la anterior, más intelectual, que organiza todo alrededor de una supuesta partida de ajedrez que, en realidad, nunca llega a producirse, pero que conforma un mundo de lo más atractivo, igual de disparatado que el anterior y más familiar para la escasa imaginación de nuestros ojos adultos.

>Alicia en el país de las maravillas

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LEWIS CARROLL, Alicia en el país de las maravillas

La de Alicia es una historia que todo el mundo parece conocer, o que al menos cree conocer. En la mayoría de los casos lo más cercano a esta afirmación son aquellos que en algún momento vieron aquella adaptación en dibujos animados realizada por Walt Disney. Es cierto que resulta una lectura interesante tanto para niños como para adultos, pero en modo alguno se me antoja la obra maestra que representa que es. El juego de los cambios de tamaño no pasa de ser un mero divertimento infantil, y la aparición de la reina y la baraja de cartas como elemento “unificador” del conjunto parece insuficiente.

Quizá la escena más interesante de todas sea la merienda de locos, con el sombrerero, la liebre de marzo y el lirón tomando el té y manteniendo una conversación delirante, no muy distinta de lo que pueden parecer nuestras importantísimas disquisiciones a un niño de cinco años, única edad en la que, como todos sabemos, se piensa en cosas realmente importantes. Y es que aquí nos resulta más fácil identificarnos con los tres chiflados que con Alicia, que, a pesar de su corta edad, representa el elemento adulto, y cuando a una edad ya cumplida leemos un libro infantil queremos ser niños, alocados e irresponsables, y no el elemento que impone la razón.

Sin embargo, por interesantes que resulten varios de los momentos de Alicia en el país de las maravillas, esos momentos, brillantes en ocasiones, resultan inconexos hasta el punto de que una vez concluida la lectura es difícil rememorar el hilo de la historia. Aunque tiene los suficientes méritos para que nadie deba admitir no haber tomado un té con el sombrerero loco, o no haber perseguido a la carrera al conejo blanco, con temor a llegar tarde no sabemos muy bien a dónde.

>El asesinato de la profesora de lengua

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JORDI SIERRA I FABRA, El asesinato de la profesora de lengua
¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas? Pues aquí tenemos la versión infantil que ataca esos convencionalismos. Si he de ser sincero esta segunda parte no aporta nada sobre la primera, pero sigue con efectividad el plan que se planteaba desde el principio de ser un entretenimiento infantil útil y divertido.
El argumento es similar al anterior (El asesinato del profesor de matemáticas) y viene a repetir la misma historia pero cambiando las pruebas matemáticas por otras lingüísticas y el deseo de esclarecer el asesinato del profesor por el de evitar el propio asesinato a manos de la profesora. Sin embargo esta repetición no disminuye su calidad, puesto que se convierte en un vehículo perfecto para acostumbrar al descubrimiento cultural a los niños, evitando esa esquizofrénica literatura infantil actual tan en boga, desgraciadamente, en estos días.
Repito lo anteriormente dicho: olvídense de tanto Harry Potter y entreguen esto a sus niños.

>El asesinato del profesor de matemáticas

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En estos tiempos de chorradas pseudoinfantiles que además dicen ser adultas, como Harry Potter, leer un libro de verdad para niños y realmente bueno para ellos y también para los adultos que sepan leerlo (pero ojo, desde la perspectiva infantil y no desde esa esquizofrénica de literatura de adultos escrita para niños que tanto se lleva ahora). El libro ofrece tres cosas esenciales en un libro infantil:
1) Una aventura. Sin ella no se puede atraer a un niño.
2) Diversión. Por la rápida sucesión de los acontecimientos y los juegos con los que nos encontramos a lo largo de la lectura.
3) Una enseñanza. No la evidente de que las matemáticas pueden ser divertidas, sino la importancia del esfuerzo.
Guarden, pues, sus libros de Harry Potter y ofrezcan esto a sus niños.