>Diarios madrileños (7)

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El domingo pasado me gané sin duda el Infierno, si es que existe. Y es que debo de estar contagiándome de esta ciudad y estar volviéndome madrileño, porque si no, no me lo explico, no tiene excusa mi reacción.

Iba por la calle intentando buscar un local para ING y conseguir así algo de pasta, que buena falta me hace, cuando uno de los miles de mendigos que tiene está ciudad comenzó a pedirme dinero. Yo lo ignoré, que es lo que tienes que hacer aquí si no estás forrado, pues te asaltan una media de quince de ellos al día. Pero él no se dio por vencido y comenzó a seguirme mientras me pedía para un vaso de leche, esa forma que usan tan a menudo para potenciar la lástima que pueden provocar en el viandante despiadado, pedir no dinero, sino “para algo”, aúnque en este caso tengo la impresión de que la necesidad era bastante real (no siempre lo es, y no lo digo por ese lavaconciencias de: ¿para qué usará el dinero?). Yo estaba con los nervios y el cabreo por el atraco del día anterior aún a flor de piel, y el seguimiento que me hizo por la acera fue algo que no pude soportar, así que me giré y le espeté sin que se lo mereciera: “Dame, dame, dame, ¿me vas a dar tú a mí todo lo que nos robaron ayer?” Entonces, con voz lastimera y casi seguramente ensayada (lo que no me excusa), respondió que sentía haberme ofendido, que sólo me estaba pidiendo un vaso de leche.

Continué andando pero los remordimientos me asaltaron, de modo que entré a un chino, compré una caja de leche y un bizcocho y deshice mi camino para encontrarlo, al tiempo que separaba algo de dinero para no tener que sacar la cartera delante de él (aún me puede la desconfianza). Supongo que mi actitud nada tenía que ver con disculparme ni con hacer las cosas bien, pues tanto yo como el resto de humanos parecemos estar bastante insensibilizados ante esta situación, sino con liberarme de los remordimientos y la mala conciencia que mi acto anterior me estaba produciendo. Al final, tras regresar a donde me lo había encontrado y no verlo, y pasar casi una hora dando vueltas por la zona, no pude dar con él. No pude resarcirme de mi mala acción, más que resarcirlo a él (supongo).

El dinero ha vuelto a mi cartera. La caja de leche y el bizcocho están en mi despensa acusadores, no sé muy bien que hacer con ellos.
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>Diarios madrileños (6)

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Madrid ha hecho ya lo último que le podía permitir. Han robado a mi novia EN LA PUERTA DE CASA. El bolso con la cartera, toda la documentación, un Samsung Omnia recien comprado… Háganse a la idea. Ya no acepto medias tintas: al próximo que me hable bien de esta puta escoria de ciudad le cruzo la cara. Necesita un Nerón que la haga arder hasta los cimientos para reconstruirla entera, porque está podrida hasta el tuétano, ningún buen sentimiento me despierta ya. Y la policía ha tardado una hora en tomarle declaración para cursar la denuncia, supongo que para darles tiempo a los ladrones de usar todas las tarjetas y hacer unas cuantas llamadas a la otra punta del mundo. ¿Pues no estoy empezando a apreciar la filosofía de Charlton Heston?

>Las sorpresas de la capi (2)

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Pues… si se ponen así de serios habrá que pedir un frapuchino ¿no? Cualquiera se atreve a pedir una cerveza por eso del calor; pero si esto también está frío. Lo único es que no creo que la montaña esa de nata que lleva por encima quite demasiado la sed, pero eso son tonterías sin importancia, no hay que ser tan quisquilloso.

Además nos regalan una pelota y todo. Para la playa. Menos mal que no se les ha ocurrido escribir que “frapuchino por cojones”, porque no quiero ni pensar en cuál sería el regalo. La verdad es que a mí esta publicidad agresivo chistosa dejó de hacerme gracia a los quince años, y no sé por qué pero no creo que ningún adolescente vaya a ir a una terraza a tomarse un café que cuesta lo que una coca-cola.

>Diarios madrileños (5)

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Incluso algo tan inocuo como sentarse en un banco a leer resulta peliagudo para mi salud mental en esta ciudad. Seré telegráfico, literalmente:

Llego a un parque. Stop. Me siento en un banco a la sombra. Stop. Quedan libres otros cuatro bancos a la sombra a mi alrededor. Stop. Llegan dos viejos y se sientan en el mismo banco que yo, empujándome ligeramente a un lado. Stop. Llegan dos viejos más y los primeros se levantan. Stop. Vuelven a sentarse, uno directamente sobre mí por lo que tengo que levantar mis manos para impedir ser aplastado. Stop. No se oye ni una disculpa. Stop. Uno de los viejos me espeta: Muévete para allí ¿o qué?

Me largué de allí, aunque debería haberlos echado a ellos. Hace un año no me habría movido, o al menos les habría contestado como merecían. Eso es lo que más me jode. Además de tocarme los huevos a diario, esta ciudad me está ablandando.

>Maestros de la adecuación

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Al principio (con eso de las prisas) creí que se trataba de un anuncio de la Comunidad de Madrid, lo que me extrañó sobremanera, por eso de una presidenta del Opus Dei llenando los pasillos del metro con anuncios de condones. Pero no. Se trata de una campaña institucional del Gobierno de España (sigue asombrándome, de todos modos, que Aguirre no se haya sublevado y la haya impedido, como ha hecho ya con tantas cosas por capricho personal, sin importarle leyes ni procesos), por lo que supongo que también la compartirán los metros de Barcelona y de Bilbao. Aunque no puedo asegurarlo.
Quizá me estoy volviendo viejo (no voy a descartar la posibilidad), pero es que yo siempre había creído que las enfermedades de transmisión sexual, el SIDA (a la cabeza de éstas), los embarazos no deseados (sobre todo entre adolescentes) y los condones en general eran un tema serio y no algo de broma, jocoso y divertido, como parece dar a entender esta campaña de (¡ojo!) información institucional. Que si fueran realmente anuncios de condones lo entendería, por eso de que hay que vender y el target está perfectamente elegido, con eslóganes y gráficos que se les adaptan sin duda. ¡Pero es que no lo es! ¡No son anuncios de Durex ni de Control! Es una campaña informativa con frases tan ingeniosas como “Con Koko yo gozo mogollón” o “Yo lo pongo yo controlo”, y a la que le han puesto el paralizante nombre de “Yo pongo condón”. Vamos, que ni prevención ni leches; a lo que de verdad anima esto es a follar todos como locos. Que no digo que esté mal, pero me parece inadmisible en un mensaje institucional y además tan claramente dirigido a los adolescentes.

No sé si se habrán fijado ustedes en los eslóganes y título de la campaña, pero cuando yo los veo no puedo evitar recordar una canción de hace unos años, que decía: “¡Hey! ¡Hey! A pelo piqué, bicho malo pillé”. Digo yo que ya puestos el Gobierno de España podía haber tomado esta canción y usarla para algún anuncio en la tele, ¿no? Y teniendo en cuenta el primero de los eslóganes lo podrían aderezar con un grupo de negras indígenas desnudas bailando una danza de la lluvia alrededor de un enhiesto falo gigante, que finalmente estallaría regando a las participantes que a su vez podrían cubrirse con condones gigantes para protegerse de la consabida lluvia. Creo que esto cuadra bastante con el espíritu de la campaña informativa, por llamarla de algún modo.

Pero es que aquí no acaba la cosa. Porque quince pasos más allá de los carteles, a la vuelta de la esquina, nos encontramos, en pleno pasillo del metro, una máquina de condones. Ya saben, un lugar estratégico para colocarla, con una marea de gente pasando a tu espalda o esquivándote, seguro que más de uno mirándote mal por adquirir esos instrumentos del diablo (recordemos las “sabias” palabras de la última multitudinaria misa de monseñor Rouco al respecto)… El sitio idóneo para venderlos, sin lugar a dudas. Y ahí está el quid: para venderlos. Porque, efectivamente, la maquinita tiene ranura para las monedas. Que digo yo, ya que es una campaña de prevención, lo suyo sería darlos gratis ¿no? Total, el resultado en semejante ubicación iba a ser el mismo: no creo que jamás vayan a tener que reponer el producto de esas máquinas (aunque tal y como somos en este país, si los ponen gratis quizá hasta los creyentes más ortodoxos se llenen los bolsillos de preservativos, aunque sólo sea para llenar de globitos la fiesta de cumpleaños de algún infante -que son capaces-).

Aquí les dejo con la página web de la campaña. Véanla. Lo dicho: no tiene desperdicio

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>Fauna en el metro (1)

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Les juro que es totalmente cierto. No sé qué edad tenía el sujeto pero yo le calculé unos 40 ó 45 tacos. Aunque si lo cascado de su voz no me hubiera obligado a levantar la cabeza para mirarlo habría jurado que tenía 16 ó 17. Ninguna otra edad podía esperarse de su conversación por el móvil.
-Me lo ha pedido mi madre y se me ha olvidado comprarlo. ¡Qué bronca va a echarme!
Pausa. Los músculos de mi cara se contrajeron en un rictus de espanto que traté de disimular en un esfuerzo probablemente inútil.
-Pues no quiero ir… Oye… ¿Puedo dormir en tu casa?
En ese momento deseé que todo fueran imaginaciones mías aunque, francamente, lo dudaba.
-¿No? ¡Vaya! Y ¿sabes si (y aquí pronunció un nombre que no recuerdo) está sólo?
¡Uau! (o “wow”, ahora que Desigual lo ha puesto de moda). Estaba asistiendo en vivo a lo que tantas veces había visto en series americanas malas. En aquel momento el metro paró y el tipo se bajó, así que no pude averiguar en qué quedaba la cosa. Quizá fuera mejor así: en mi cabeza un tipo de 40 años no quería ir a dormir a casa de su madre porque temía que lo reprendiera por haberse olvidado de comprar algo y quería que un amigo lo alojara en su casa para evitar la bronca. No sé cómo se sentirían ustedes en una situación parecida, pero les aseguro que yo estaba buscando la cámara oculta.
En fin… ¿Qué más sorpresas me depararía el metro de Madrid?

>Diarios madrileños (apéndice a la parte cuarta)

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El bono de metro y bus que no sirve en realidad para todos los buses del área urbana, por mucho que estos dependan del gobierno de la Comunidad de Madrid, ya no me supone un sangrado de 43 euros mensuales, sino que ha subido a 46. De modo que además de dar un pésimo servicio, lo encarecen de manera desorbitada. Y además luego tienen la inmensa caradura de hacer los desfachatados anuncios que hacen sobre el metro de Madrid. Los expongo: en vallas han colocado varios de los monumentos más conocidos del mundo (estatua de la libertad, esfinge…) mirando dentro de una entrada del metro y con la frase “El metro que todos quisieran tener, vive en Madrid.” Una coña si tenemos en cuenta lo viejo que está, lo lento que es y la cantidad de veces que se avería.

En televisión han puesto a un sin techo yendo por todas las tiendas de la ciudad y usando todas la muestras de los expositores para arreglarse para una cita con su amor (otra sin techo), y al final la cena de la velada la tienen dentro de un vagón del metro (?). Terminan el despropósito diciendo que lo bueno del metro de Madrid va por dentro o algo así. Una vergüenza y una burla para toda la gente que vive en la calle, sobre todo si tenemos en cuenta que esta es la ciudad con mayor índice de mendicidad que he visto en toda España (lo digo en serio, es increíble la cantidad de gente que hay pidiendo dinero en la calle, en las iglesias, en el metro… en todas partes.

En fin, juzguen ustedes mismos. En mi opinión, vergonzoso.