>Lecciones de literatura periodística (1)

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Madrid, 3 sep (EFE).- La nueva novela de Dan Brown, “El símbolo perdido”, la esperada continuación de “El Código Da Vinci”, se publicará en España el próximo 29 de octubre con una tirada inicial de un millón y medio de ejemplares, una cifra sin precedentes en el mercado editorial nacional.

En ocasiones nos quejamos del pésimo periodismo que llevan a cabo algunos medios periodísticos, pero siempre nos queda la esperanza de que creemos que hay otros que sí lo hacen bien, y nos volvemos lectores asiduos de estos últimos: los que leen La Razón critican a Público y viceversa. Pero es que en este caso no hay escapatoria posible, pues la información proviene directamente de la Agencia EFE, uno de los pilares máximos del periodismo y que surte de noticias a los más variopintos medios del sector.

No me interesa meterme con la mayor o menor calidad de la nueva novela de Dan Brown, a la que pueden estar seguros de que no pienso ni acercarme, sino con cómo EFE se vende al sensacionalismo para exagerar la magnitud del evento y darle la máxima publicidad posible, lo que me hace pensar en por qué esta agencia cuya única misión es informar (o eso creía) está ejerciendo de vehículo publicitario para la novela de manera tan descarada (piensen que este mismo texto de arriba va a aparecer tal cual en muchos de los periódicos del país).

El caso es que nos informan de una tirada descomunal, “sin precedentes” dicen, en el mercado editorial español. ¡Qué manera de hinchar las cosas para que nos demos cuenta de la magnitud de lo que se aproxima! Pues bien, eso es hacer periodismo, digamos, del corazón: hablando por hablar, sin importar si somos veraces o no, sólo para resaltar nuestra noticia; pues la tirada SÍ tiene precedentes en el mercado español: El juego del Ángel, hace algo más de un año, ya tuvo una tirada de un millón de ejemplares en España. Y es que ya está bien de estos medios que utilizan las noticias como medios publicitarios de lo que sea, o de estos periodistas que escriben lo que les viene en gana sin comprobarlo para ver si así consiguen ser el más ingenioso de todos.
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>Crónicas de la guerra civil

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MIGUEL HERNÁNDEZ, Crónicas de la Guerra Civil
Leyendo este libro da la sensación de que Miguel Hernández fue un ingenuo toda su vida. Cada uno de los artículos que componen el libro, no es tanto una crónica de la guerra, sino más bien una arenga para animar a los republicanos a participar en ella para detener a los fascistas. Ese es el término que utiliza él, fascistas, lo que produce cierta media sonrisa por sus palabras, que a pesar de buscar una gran fuerza, no dejan de tener cierta ingenuidad. Por otro lado él anima a la guerra no sólo a los soldados, sino que llama al frente a todos los republicanos que no están en él.
No es una joya literaria pero da un reflejo bastante exacto de su personalidad: un soñador dispuesto siempre a sacrificarse por sus hermanos, pero exigiendo también ese sacrificio por parte de ellos, siempre queriendo hacer el bien pero parece que sin un sentido demasiado crítico por las acciones de sus compañeros.
En conclusión, Hernández es mejor poeta que periodista, pero hay que tener en cuenta que no estamos ante crónicas periodísticas de la guerra como indica el título, sino ante auténticas arengas militares.
Mención aparte merece la edición realizada por el diario Público, que a pesar de tener un aspecto externo muy bueno y estar físicamente muy bien hecha, muestra un profundo desprecio por el texto que en ocasiones llega a contener hasta cinco erratas por página.

>Lo que no vengo a decir

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JAVIER MARÍAS, Lo que no vengo a decir
Una nueva recopilación de artículos de Javier Marías, la segunda de los publicados en El País Semanal. En ella vuelve a criticar los problemas ya habituales de la sociedad, a los políticos que no hacen lo que deben (todos, vamos) sin distinción de bando, expone sus preocupaciones sobre su ciudad (más reales de lo que pueda parecer al leerlas), no logra evitar hacer sus particulares críticas cinematográficas, tan apegadas al cine en blanco y negro de los años dorados de Hollywood…
Algo digno de mención son los artículos futbolísticos a los que también es dado. Lo digo porque suelo saltármelos casi siempre (no me gusta el fútbol), pero en esta ocasión los he leído íntegros y sin sombra de aburrimiento.
No llega a la altura de A veces un caballero, que me parece su mejor libro de artículos hasta la fecha, pero resulta una recopilación excelente de muy aconsejable lectura.

>La vergüenza de Gaza

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Leer las noticias sobre la invasión israelí de la franja de Gaza se está convirtiendo últimamente en todo un despliegue cómico de pésimo gusto. Sí, ya saben, eso que las autoridades israelíes llaman guerra. Una guerra en la que sólo interviene un ejército, ¡qué curioso!: ¿dónde está el ejército palestino? ¡Ah, se me olvidaba! Palestina no es un país. Al menos no lo es según la visión de Israel cada vez que decide bombardearlo. Tan sólo es un nido de terroristas que, al parecer, hay que exterminar.
Y en esas estamos, enrojeciendo de vergüenza cada vez que algún mandatario de ese país aparece en los medios hablando de democracia, terrorismo o legítima defensa. La última (o una de las últimas, a estas alturas han podido hacer 5 ó 6 más) ha sido en verdad genial. La diplonacia (y lo de diplomacia es sólo por ponerle algún nombre) israelí se molestó por la condena de Zapatero a sus “actuaciones” y, dos días después, el representante de Israel en España, cabreado por la asistencia del gobierno a la manifestación de rechazo, soltó indignado que aquello era una vergüenza, que nunca se habían manifestado por los cohetes lanzados contra Israel (por esos perros infectos del demonio, le faltó decir). Lo que no entiendo es por qué ninguno de los periodistas presentes le espetó: “¿Y cuántas manifestaciones de repulsa por los atentados de ETA ha habido en Israel?” Aunque dudo que esa gente para la que sólo ellos son humanos tenga la menor idea de lo que es ETA. Viven escudados en el temor de occidente hacia el terrorismo islámico para cometer sus propias fechorías.
No quiero decir con esto que ellos tengan que movilizarse, ni tampoco España, por cada atentado perpetrado en en cualquier parte del mundo. Desgraciadamente, de ser así, habría manifestaciones todos los días. Pero es que España se ha movilizado ante el abuso terrorífico de Israel sobre Palestina y, aunque ellos lo pretendan, en ningún caso se puede usar los mismos términos en orden contrario.
En cuanto a la participación del gobierno, pues qué quieren que les diga. Soy de la opinión de que un gobierno jamás debería salir a la calle a manifestarse, entre otras cosas porque es el gobierno y tiene poder para hacer algo más aparte de berrear. Pero dado que nuestro gobierno de izquierdas tiene las políticas económicas y culturales más de derechas que he visto nunca (para ellos ponerse un vestido de Ágata Ruiz de la Prada es una acción cultural), algo tendrán que hacer para diferenciarse del PP. Digo yo.
Además, ya ni siquiera puedo pensar que la culpa es del gobierno y no de los ciudadanos pues, según dicen, las últimas encuestas electorales dan un mayor apoyo al gobierno israelí después de sus últimas barbaridades. De auténtica vergüenza. Pocas cosas positivas pueden esperarse de una población así.
Por último, y aunque algunos se empeñen a esgrimir el argumento de la defensa frente al terrorismo de Hamas, ni siquiera eso da derecho a Israel a hacer lo que está haciendo. El equivalente aquí vendría a ser que el gobierno español bombardeara el País Vasco y Navarra porque ahí es donde se esconden los terroristas de ETA. ¿Nos parecería eso bien? Entonces, ¿por qué a tanta gente le parece tan bien que se haga eso mismo en Palestina, en la que, como aquí, sí, hay terroristas, pero no lo son todos? Me gustaría saber.

>Mafalda

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Hace ya un par de semanas que el diario Público terminó de dar su colección de Mafalda y he de reconocer que han sido catorce domingos de lo más divertidos gracias a este más que excelente cómic (cada vez se me resiste más la palabra “tebeo” si me separo de los clásicos Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape). Bueno, corrijo: han sido sólo trece domingos, porque no pude comprar el número cinco, así que si alguien se hizo con él y no le tiene mucho aprecio, yo le agradecería inmensamente que lo hiciera llegar a mis manos.
Si alguien no me cree respecto a la calidad de Mafalda, debería abrir un poco su mente (son muchos los prejuicios que hay contra este tipo de literatura) y dejarse llevar por las ocurrencias de esta niña que es capaz de racionalizar el mundo adulto a través de su prisma infantil, y que está siempre preocupada por los males del mundo, odia la sopa y tiene cierta tirria a los chinos (esos malvados comunistas de los años setenta). Tampoco conviene perderse algunas de las ocurrencias de sus amigos: un capitalista en potencia que sueña con hacerse rico y admira a Rockefeller, una niña educada “a la antigua” que pone todas sus ilusiones en casarse y ser madre, un chico lleno de fantasías pero con muy poca decisión para cumplirlas, una chica con las ideas muy claras respecto a cómo es el mundo, un niño descarado e impredecible y, por supuesto, el hermanito pequeño de Mafalda, que por su edad magnifica todo acontecimiento.
Y si alguien no ha aprovechado esta colección, le recomiendo igualmente leer algo de Mafalda por cualquier vía, incluso tiene una página web (aunque, claro, yo siempre preferiré el papel). Les dejo aquí con un par de tiras para que valoren por ustedes mismos.