En las montañas de la locura

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H. P. LOVECRAFT, En las montañas de la locura

Ésta es la segunda novela de Lovecraft que leo (la primera fue Reanimator) y ya tengo ganas de más. Durante muchos años me habían llamado la atención sus mitos de monstruos y fantasía, pero nunca me había decidido a leerlo. Ahora que lo he hecho me alegro.

La historia es el diario de un científico en una expedición a la Antártida, donde descubren, tras unas misteriosas montañas, toda una ciudad abandonada de una antigua civilización que se estableció en la Tierra mucho antes de que el hombre apareciera sobre ella. Conforme se adentren en la ciudad irán descubriendo la historia de esta especie y su decadencia, y la posible causa de su desaparición.

El misterio impregna cada una de las páginas de la novela, hasta el punto de que no hay en ella mucho más. Todo se supedita a la consecución de una atmósfera que atrapa al lector y de la que siempre quiere saber más y más, pues nunca alcanza a comprenderla del todo. Lo que nos lleva a plantearnos qué es esta novela en realidad. Se trata de una descripción de 175 páginas, pues si lo pensamos con frialdad, nada más hay en ella: descripción de la misión, descripción de la Antártida, descripción de las montañas, descripción de la ciudad, descripción de los murales… Una descripción sigue a otra, dándonos cada una un poquito más de información que la anterior y creando la ilusión de que estamos leyendo una historia, cuando lo que en realidad es acción podría resumirse en un escaso párrafo. Pero nada tenemos que reprocharle, pues la atmósfera creada es tan convincente, y el interés que produce en el lector es tan hipnótico, que ni nos damos cuenta del truco que se está empleando con nosotros, y seguimos devorando página tras página hasta llegar a la última, en la que nos espera un final abrupto y precipitado, como no podía ser de otra manera.

Nunca me han gustado los finales demasiado rápidos, dan la sensación de que el autor tenía ganas de acabar de una vez, más porque no sabía qué más contar que porque realmente hubiera terminado de contarlo todo. Pero En las montañas de la locura necesitaba un final así, otra cosa no habría funcionado. Todo lo que se nos cuenta es un lento descubrimiento de la historia de una civilización más allá de donde la razón humana se siente cómoda. Por lo tanto, conforme más se avanza, más incómoda es la situación para la razón de los exploradores, hasta que alcanzan el final de la historia, el punto del que surge todo eso que ninguna mente cuerda puede aceptar, y deben huir para conservar su cordura, sin detenerse a observarlo ni a razonarlo, con lo que un “largo” epílogo no habría resultado.

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El monstruo de Hawkline

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RICHARD BRAUTIGAN, El monstruo de Hawkline

Greer y Cameron son dos pistoleros contratados para eliminar a un monstruo que mató al doctor Hawkline y que asedia a sus dos hijas.

Esta es la premisa de una historia descerebrada y divertida que mezcla humor, sexo, una historia del oeste en su primera parte y una ambientación gótica en la segunda (muy adecuado ese subtítulo de Un western gótico), mientras es un relato cómico en todas sus partes.

La verdad es que, a pesar de lo mucho que me ha gustado la novela, poco puedo decir que ella que vaya más allá de la parodia de los géneros. Lo que comienza con una serie de escenas sin demasiado sentido para que conozcamos a los dos protagonistas, y continúa hilando una historia lineal repleta de sucesos absurdos que podríamos pensar que no deberían tener cabida en ella, poco a poco va dando lugar a un misterio que atrae al lector y lo anima a seguir leyendo para averiguar en qué acabará todo eso (sin renunciar jamás al absurdo y a los giros más descerebrados, por supuesto).

A lo que no da lugar en modo alguno es a los convencionalismos. Los pistoleros no son rudos, sino que meditan sus actos y se ponen en el lugar del otro; las “damas indefensas” no buscan cobijo en sus protectores para caer rendidas al final, sino que desde un principio buscan sexo y lo plantean de la manera más cruda (no me atrevería a llamar natural a la forma en que lo hacen) posible; el terrible monstruo, más que el típico peligro que todo monstruo supone, acaba pareciendo más un niño malcriado sediento de travesuras y no de sangre. Ni siquiera se nos permite tener un final feliz, pues si bien los dos pistoleros terminan el relato emparejados con las dos hermanas Hawkline tras haber rescatado a su padre, también tenemos un último capítulo a modo de epílogo que se encarga de aniquilar toda esa posible magia de estilo hollywoodiense. Podría decirse casi que la novela se dedica a transitar lo más típico de las novelas del oeste y de misterio para ir destruyendo ese camino mediante burlas y absurdos.

Herbert West: Reanimador

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H. P. LOVECRAFT, Herbert West: Reanimador

No sé si considerar Herbert West: Reanimador como un cuento largo en seis capítulos o como una serie de seis cuentos que se desarrollan a lo largo de un mismo tema. La duda me surge porque, si bien los seis capítulos cuentan una misma historia, cada uno de ellos comienza poniendo al lector sobre aviso de todo lo que había ocurrido anteriormente como si se estuviera empezando un relato desde cero en cada capítulo, pero el final de cada uno de ellos resulta por sí sólo insuficiente para considerarlos relatos independientes. Todos ellos terminan con un final sorpresivo, que en modo alguno cierra la historia que habían comenzado y que se percibe más bien como el gancho para pasar al siguiente capítulo de un folletín.

En este cuento o conjunto de cuentos, Herbert West es un médico que, junto con otro médico compañero suyo de facultad, pretenden conseguir la hazaña de revivir a los muertos, algo al estilo de Frankenstein. Para ello Lovecraft no se complica demasiado la vida y se saca de la manga un suero que West ha inventado y que necesita probar en cadáveres. Lo más importante para Lovecraft no parece ser el desarrollo de una historia compleja (sólo nos ofrece seis breves episodios que no se desarrollan más allá de la mera acción), ni la reflexión sobre los temas filosóficos que esta situación podría generar (ninguna mención se hace más allá de la incomodidad que acaba sintiendo el doctor narrador de la historia por los métodos de West), sino la creación de un ambiente claustrofóbico y misterioso, adecuado a la historia de corte fantástico que nos está contando. De hecho, la mayor parte del tiempo nos vemos recluidos entre cementerios y laboratorios, resolviéndose cualquier actividad que se produzca fuera de estos dos ambientes con una rápida sentencia que no da lugar a nada más.

Quizá lo más difícil de entender del relato sea la amistad entre West y el narrador, amistad que podemos entender en los tres primeros relatos pero que, a partir del cuarto, se vuelve poco creíble por los reparos que nuestro narrador tiene ya hacia su antiguo amigo. El que ambos continúen juntos se nos explica por la insistencia de West y cómo éste allana el camino para que no haya separación, pero esta excusa se antoja bastante floja, a no ser por la carencia de personalidad del narrador, pero eso no es posible, pues en ese caso deberíamos estar asistiendo a un relato de alabanza de West de principio a fin. Y eso es lo extraño, por un lado nuestro narrador muestra una posición crítica con respecto a su amigo a medida que avanzan los relatos, pero por otro no se separa de él haga este lo que haga, ignorando su exposición previa. Es como si narrador y personaje fueran por distintos caminos, ignorando uno la consciencia del otro.

En donde el relato sobresale es sin duda en la ambientación, claustrofóbica y misteriosa de principio a fin, aunque demasiado igual entre los diferentes capítulos a pesar del total cambio de escenario. En la universidad, como médicos de pueblo, en medio de la guerra… la falta de referencias al mundo que los rodea hace que el cambio de escenario sea algo puramente nominal, no habría diferencia de estar en un santuario budista, en medio del Sáhara o perdidos en el Amazonas.

Un historia, a fin de cuentas, que se asemeja a una película de serie B, interesante y disfrutable, incluso cautivadora si uno se deja llevar, pero en la que se nota que los monstruos son de cartón, podría haber estado mejor terminada.

>El Pistolero

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STEPHEN KING, El pistolero (La Torre Oscura I)

Una de dos: o mis gustos no han sabido avanzar a la velocidad de los tiempos o soy un imbécil incapaz de distinguir una buena obra literaria cuando la tengo delante. Algo así es lo que me sucede ante la terrible decepción que me he llevado al llegar a la última página de El pistolero, la primera parte de la saga de La torre oscura, de Stephen King. Había sido tal la avalancha de recomendaciones sobre esta novela que no puedo evitar pensar que mi criterio se está viendo seriamente mermado. Y no es sólo que no me parezca una buena novela, sino que ni siquiera entiendo por qué es una novela.
La edición que obra en mi poder es la relativamente nueva y “de lujo” que se editó hace no mucho tiempo en español debido a la finalización de la saga. Entrecomillo lo de “edición de lujo” porque, de acuerdo, viene acompañada de unas láminas bastante interesantes sobre la historia, pero en lo referente al resto tampoco está tan cuidada: es una edición normal y corriente, como la que se hace a todos los libros nuevos, con el texto bastante bien encuadrado (podría estarlo mejor), pero la hojas ni siquiera están cosidas al interior del lomo.
El caso es que la historia no pasa de narrar una serie de acontecimientos aislados y sin demasiada relación de continuidad, que parecen funcionar sólo como prólogo de otra cosa y ni mucho menos forman un todo que cierre una historia ni una parte de ella, porque, como ya venía apuntando, no hay ninguna historia en estas páginas.
La edición va precedida de una introducción escrita por el propio King, en la que, craso error, deja al descubierto todos los defectos de los que luego nos daremos cuenta que adolece la “novela”. Empieza contando cómo este relato se le ocurrió al leer de jovencito El señor de los anillos. Podría ahorrarnos esta información, pues cualquiera podría darse cuenta de ello al enfrentarse a una historia en la que un protagonista busca una Torre en la que parece haber oculto alguna especie de mal ancestral. Después nos cuenta cómo descubrió el enfoque que quería darle a la historia: vio en el cine al Clint Eastwood de El bueno, el feo y el malo. Y, evidentemente, copió los paisajes e intentó copiar también el tipo de diálogos de los westerns de Leone. Por último, indica que es una novela de juventud y que años más tarde ha corregido los errores de estilo debidos a dicha juventud, aunque personalmente ni creo que lo haya conseguido ni veo mucha diferencia entre esos errores y los que se abren camino a lo largo de otras de sus novelas. Estos son los tres puntos flacos; suficientes, creo yo.
En suma, tenemos la siguiente “novela”: una historia que se desarrolla de la misma manera que El señor de los anillos (brujos inalcanzables, seres de tiempos ancestrales que guardan un conocimiento negado a los hombres, personas portadoras de mensajes incomprensibles en el momento pero que marcarán la vida del protagonista…), con las características de las películas de Sergio Leone (largos desiertos que atravesar, personajes sin rumbo ni destino, diálogos parcos dispuestos a los sobreentendidos, héroes sin una moral definida…) y plagada de recursos estilísticos que a menudo recuerdan al jovencito que escribió la novela y que King parece que nunca ha dejado de ser.
Esto último hace que nos encontremos con demasiadas cosas que chirriarán en los oídos de cualquier lector. Descripciones de una candidez tal que casi nos hacen sonreír ante la ocurrencia: “el desierto era inmenso, la apoteosis de todos los desiertos”. Comparaciones que ni aportan nada al relato ni son originales, ni ingeniosas, ni necesarias; y de éstas hay muchas, una gran profusión de un recurso tan gastado como fácil (y por lo tanto fácil de usar mal, como hace no sólo King, sino una cantidad demasiado grande de escritores): “como un perro que se persigue la cola, volvió a acosarle la insistente canción”, “esta ironía, como el romanticismo que hallaba en la sed, le resultó amargamente atractiva”.
Por último, la personalidad del pistolero resulta terriblemente endeble, rasgo que queda subrayado por la insitencia que se pone en ella. Quiere ser el rubio de los dólares pero no llega a conseguirlo nunca. Sus diálogos breves necesitan ir siempre acompañados por una explicación del narrador porque King no tiene la suficiente destreza. Hace demasiado hincapié en que quiere perder sus lazos con la humanidad, pero nada lo refrenda en toda la novela, hasta el punto de que cuando, hacia el final, por fin hay un acto que podría hacerlo, al suceder resulta casi ridículo e incomprensible. Y su relación con el hombre de negro, que parece querer ser misteriosa, no pasa de ser díficil de entender e incluso a veces ridícula.
Ya avisaba el autor que quería escribir la novela más larga jamás escrita, y parece que va camino de conseguirlo pues, como ya he dicho, estas trescientas páginas no pasan de ser un simple prólogo (sin demasiado interés, si se me permite decirlo). Por otro lado, ya he caído en la red: es medianamente entretenido (eso no voy a negarlo) y no puedo comenzar una saga sin acabarla (sólo Harry Potter tiene el mérito de haber conseguido que no quiera seguir leyendo), de modo que estoy condenado a terminarla. Ya volveremos a hablar cuando lea la segunda parte, nadie sabe cuando será.

>Regreso a Barrow

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STEVE NILES, BEN TEMPLESMITH, 30 días de noche: Regreso a Barrow

Si la búsqueda de profundidad en Días oscuros sólo había conseguido infantilizar la historia, en esta tercera parte se vuelve a la sencillez y contundencia de 30 días de noche. Desgraciadamente el temor que nos asaltaba al final de aquella segunda parte con respecto a las vías argumentales abiertas se ve corroborado aquí, y es que los argumentos del comebichos y de Dane son cerrados de forma abrupta y sin ser en absoluto desarrollados.

Pero el cómic tiene otras virtudes, rescatadas en su mayoría de la primera parte: una historia directa que no pierde tiempo en explicarse a sí misma, docenas de lugares comunes que refuerzan el tono general de la obra y, lo más importante, hemos cambiado el terror por la acción. Si antes teníamos familias asustadas e indefensas, ahora tenemos a hombres armados y dispuestos a plantar cara a un enemigo que busca venganza. En realidad el planteamiento resulta el más interesante de las tres entregas, creando una tensión “in crescendo” que culminará con el ataque a la aldea, momento hasta el cual todo funcionará con engranaje perfecto. Lástima que lo que venga a continuación sea interesante pero no tan bien desarrollado como lo anterior. El elemento sorpresa que nos tienen preparado realmente nos sorprende, pero deja cierto regusto amargo con respecto a lo que podría haber sido.

Para mí, la mejor de las tres partes, aunque flojee un poco hacia el final.

>Días oscuros

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STEVE NILES, BEN TEMPLESMITH, Días oscuros

Si bien en 30 días de noche faltaba algo de introspección psicológica en los personajes, eso se resuelve en esta continuación, aunque dicha resolución, que debería sumarle enteros con respecto a la anterior, lo que consigue es bajar el nivel del conjunto, castigándonos con un infantilismo que no nos merecíamos.

Cuatro son los personajes en los que se ahonda en esta segunda parte, que narra cómo la mujer del sheriff Eben Olemaun, que expulsó a los vampiros de Barrow, viaja por los EE.UU. intentando dar a conocer a estos seres para luchar contra ellos. El primero de ellos, la mujer de Vicente, resulta decepcionante. Si en la primera parte se vislumbraba como parte de una alta sociedad vampírica que no llegaba a mostrarse, ahora no sólo sigue sin mostrarse dicha sociedad, sino que el personaje no pasa de ser un ente plano y brutal que busca venganza.

El segundo, Judith, la madre del piloto del helicóptero en 30 días de noche, la que tanto tiempo llevaba tras los vampiros, no pasa de ser una prolongación de carne del disco que grabó entonces, volviendo así absurda la línea argumental que inició en la primera parte.

Stella Olemaun se revela un personaje infantil con continuas depresiones porque falla su plan de dar a conocer a los vampiros a través de un libro, con frases tan ridículas como: “Si al menos lo hubieran publicado como no ficción”. La verdad es que todo el desarrollo del libro denota una gran prisa por parte de los autores por sacar una continuación, con el argumento mil veces visto de una película de acción, y no demasiado meditada.

Quizá el personaje que salva todo esto sea el vampiro Dane, el único que nos aporta datos nuevos sobre el mundo en el que nos movemos y confiere personalidad y libre albedrío a estos seres.

Además vuelve a ampliar, sin desarrollarlo, este mundo vampírico, tal como hiciera en la primera parte. Dos escenas (el comebichos y la resurrección) prometen un mundo místico más elaborado. Pero claro, parece que se les da mejor a los autores prometer que resolver.

>30 días de noche

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STEVE NILES, BEN TEMPLESMITH, 30 días de noche

Creo que me quedaré solo en la defensa de 30 días de noche (no de su dibujo, sino de su guión), pero bueno. Son muchas las voces que he oído diciendo que se trata de un guión demasiado básico y que necesita un mayor desarrollo, aunque yo creo que su perfección radica en su sencillez. Las premisas son muy básicas. Tenemos vampiros y todo el mundo sabe qué es un vampiro, por lo que no necesitan presentación aunque sus diferencias con lo que estamos acostumbrados sean notables. Son inmortales y se alimentan de sangre humana. Suficiente. Todo lo demás es información supérflua.

Tenemos un pueblo con una noche de 30 días, lo que lo convierte en un parque de atracciones perfecto para estos seres. Todos sabemos que estos lugares existen, así que cualquier proceso de investigación que hayan seguido o su organización para atacarlo se antojan innecesarios. Obviemos, claro, el hecho de que hayan tardado tanto en descubirlo y lo sencillo que les resulta incomunicarlo.

Ya lo tenemos todo: 30 días de caza continuada sin que nada pueda interrumpirla. Los habitantes de Barrow deberán sobrevivir hasta la próxima salida del sol.

Cierto que el desarrollo argumental es sencillo, pero también contiene escenas que arrojan luz sobre este mundo vampírico del que sólo podemos ver el último acto porque es en el que nos encontramos. Tenemos a Vincent, un personaje que nos revela cierta jerarquía entre estos monstruos, una jerarquía de un carácter más bien animal, pues se basa en el liderazgo del más fuerte. Tenemos la presencia extraña de una misteriosa vampiresa, que hace pensar en una sociedad con el dominio de una minoría aristocrática sobre una masa vampírica mucho más salvaje. Y tenemos a ese misterioso recolector de pruebas, que hace pensar en una guerra ya iniciada con un sector de la sociedad humana. Todo ello nos hace pensar en un mundo indudablemente más amplio que el que contemplamos, pero que no llega a revelarse.

La historia es perfectamente lineal y resulta evidente que el escaso desarrollo de lo arriba dicho se debe más a un deseo de no apartarse del argumento central que a la impericia. En definitiva, una novela perfectamente cerrada y capaz de crear las expectativas de un imaginario mitológico vampírico.