>Battlestar Galactica

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*Este texto contiene spoilers. Para leerlos basta con seleccionar la parte que aparece en blanco.

El otro día terminé de ver la serie Battlestar Galactica, y no podía resistirme a escribir algo sobre ella, pues la experiencia había sido casi como ver literatura en imágenes, en una historia que mezclaba una reflexión sobre el funcionamiento político de la sociedad, y la eterna búsqueda de la trascendencia humana, cimentada sobre las bases narrativas de la Eneida. Es sin duda placentero encontrar todavía apuestas de tan alto nivel entre la ciencia ficción, y además consecuentes, cerrada esta en su cuarta temporada, sin alargarla innecesariamente ante la buena respuesta de la audiencia para acabar convirtiéndose en una degeneración ajena a aquello que era en un principio, como les ha sucedido ya a tantas series.

En ella, una civilización humana de otro sistema solar (Troya) es aniquilada por una raza de máquinas llamada Cyllon (Grecia), que había introducido entre ellos a un espía para eliminar sus defensas (caballo de Troya). Los escasos supervivientes deberán comenzar un largo viaje a través del espacio, guiados por el coronel Adama (Eneas), para encontrar un nuevo hogar cuya existencia sólo suponen y cuya ubicación desconocen por completo: la Tierra (Roma).

Con esta premisa argumental, los supervivientes deberán crear en su viaje una nueva sociedad desde cero, lo que dará lugar a un estudio de las luchas por el poder, la relación entre política y ejército, las crisis políticas, las revoluciones, los golpes de estado y las distintas soluciones a todo esto, siempre experimentando sobre el caldo de cultivo de una población reducida, lo cual, a todas luces, no simplifica las cosas, pues acaban por darse los mismos problemas de siempre: racismo, diferencias sociales, corrupción, desconfianza, crisis religiosas… Casi dando por sentado que todo nuevo comienzo para la humanidad es una condena a repetir siempre los mismos errores (tesis que se verá reforzada, aunque con un rayo de esperanza, en el último minuto del último capítulo de la serie).

La búsqueda de la trascendencia humana está basada en una bastante bien elaborada evolución de las religiones. Así, los humanos que inician el viaje adoran a una serie de dioses que se identifican con estadios anímicos y naturales, y que enseguida descubriremos que son los dioses grecolatinos, incluso con sus nombres originales. Tenemos, pues, a una civilización de tecnología futurista, con una sociedad del siglo XX y una espiritualidad muy atrasada. Los Cyllon que casi los han destruido, en cambio, lo han hecho en nombre de un único Dios verdadero del que todos somos hijos, y están convencidos de que siguen un plan divino que todo lo justifica, así que perseguirán a los humanos supervivientes para exterminarlos y cumplir así la voluntad de Dios en su particular cruzada.

Pero estos planteamientos tan evidentes irán modificándose a lo largo de la serie, y al tiempo que evoluciona la visión de Dios, provocando un cisma entre los creyentes, la nueva religión comenzará a ganar adeptos entre los humanos supervivientes, creando nuevos enfrentamientos religiosos entre estos y los seguidores de los antiguos dioses de Kobol, encarnados en Zeus y compañía.

Sin embargo todo dará un giro bastante acertado, aunque un poco cruel si tenemos en cuenta cómo había ido evolucionando el espíritu religioso a lo largo de la serie. En la última temporada seremos informados de que todo eso ya había sucedido antes, y que la nueva civilización humana había sido un intento terminar con la espiral de violencia que había llevado a su fin a una civilización anterior, pero que había fracasado también, motivo por el cual fue destruida y condenada a vagar por el universo para buscar un nuevo hogar. Llegados a este punto, la destrucción de Kobol por los Cyllon se entiende como un diluvio universal, y el viaje a bordo de la Galactica es el que Noé tuvo que pasar hasta encontrar Tierra de nuevo. Incluso, tal y como Noé tuvo que convencer a Dios para que no destruyera lo poco que había sobrevivido, ellos deben convencer, hacia el final, a los Cyllon de que no destruyan a la humanidad superviviente. No sólo hemos asistido al cambio de la antigua religión por la nueva, sino que incluso la serie en sí ha cambiado el paganismo por el cristianismo, revelando al final una suerte de Dios dual sin sexo ni raza, que engloba en sí mismo todas las diferencias existentes entre nosotros.

En resumen, produce alegría encontrarse con tan excelentes productos, y reconozco que me he quedado con ganas de más (aunque aliviado por que terminara donde tenía que terminar y no se alargara innecesariamente), así que me pondré a ver Caprica, aunque con algunas reticencias, pues no es tan bueno lo que he oído sobre este spin off.

>Tercera Copa Davis para España

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Nuevamente debo comenzar rectificando. Si en la última entrada me cebé con la mala educación del público argentino, ayer su actuación volvió a ser ejemplar. Exceptuando un silbido durante el servicio de Verdasco al principio del partido (que debió de ser inmediatamente censurado por el resto de la hinchada, pues no volvió a repetirse), estuvieron increíblemente correctos todo el tiempo, guardando silencio durante los puntos (aunque a veces cantaran out antes de tiempo por eso de la emoción), coreando a su jugador entre punto y punto, entonando el mayor repertorio de canciones que he oído jamás, montando una auténtica fiesta… y todo ello sin que se produjera ningún altercado (lo mismo debo decir de los españoles, que hacían todo lo que podían a pesar de encontrarse en minoría). Lástima que al final su fiesta acabara en derrota, cosa de la que no puedo en realidad apenarme, puesto que yo iba con el equipo español, ayer en particular con el mejor Verdasco que he visto nunca en individuales.

Acasuso tuvo la desdicha de ser el jugador que perdiera la Davis para su país, pero a pesar de ello hay que reconocer el admirable esfuerzo y gran partido que hizo: jugó muy bien, imponiendo su derecha siempre que podía pero sin confiar en su revés, que sólo soltó en un par de ocasiones y que podía haber hecho mucho daño a Verdasco. Sin embargo no pudo definir pronto el partido, como era su intención, y dejó que se convirtiera en un de esos larguísimos a los que tan acostumbrados parecen estar los españoles, lo que hizo que ya en el último set estuviera sin fuerzas, mientras que Verdasco parecía como nuevo. Al acabar el partido se sintió obligado a pedir perdón a su público allí presente, cosa innecesaria, pues jugó increíblemente bien.

El único problema fue el tercer set, que resultó muy aburrido. Los dos jugadores parecían un manojo de nervios y ninguno era capaz de mantener su servicio, con una cantidad incontable de errores que volvió aquello aburrido y un poco absurdo. Aunque todos esos errores parecieron favorecer al argentino, que se puso por delante.

Después de aquello la cosa volvió a ponerse interesante y muy igualada en el cuarto, que se llevó Verdasco, provocando el agotamiento físico y mental de Acasuso, que ya lo creía ganado en el cuarto.

Una final muy igualada, emocionante y, sobre todo, inesperada, en la que se impuso al equipo principal de Argentina los que ellos habían llamado el “plan B” de España, pues faltaban Nadal, Robredo y Almagro. Sorprendente.

>Cambios en la final de la Davis

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Desgraciadamente debo retractarme de lo dicho en el último post, en el que informé del ejemplar comportamiento de los seguidores argentinos en la Copa Davis. Ayer, tras la derrota sufrida el viernes, mostraron su peor cara. Increparon a Verdasco cuando este se disponía a servir, silbaron y gritaron durante los servicios de los españoles para que estos lo fallaran (deportividad cero), gritaron insultos de todo tipo contra los españoles (a estos putos los tenemos que ganar, fue el único que Corretja quiso reproducir, el más suave de todos), abuchearon todas las peticiones del ojo de halcón de los españoles… una vergüenza, en suma. En una ocasión un seguidor español gritó durante el servicio de Nalbandian, provocando su fallo, y éste se dirigió al juez para reclamar la repetición del servicio, que no le fue concedida con el argumento de que todavía no había concedido ninguna repetición a los españoles de las muchas veces que eso les había sucedido (pésimo por parte del español que se rebajó a gritar en ese instante y mal por parte del árbitro, que tenía que haber repetido no sólo el servicio de Nalbandian, sino también todos los de los españoles).

Lo más preocupante para este campeonato es que a pesar del pésimo comportamiento de los argentinos en el estadio, no se sancionara en ningún momento al equipo local, algo que en primer lugar debería haberse hecho sólo por observación de las reglas, y en segundo lugar para que les sirviera de escarmiento en un partido que se les estaba haciendo muy cuesta arriba.

En lo referente a la realización las cosas no cambiaron mucho: durante la primera hora y media las voces de los comentaristas españoles se oían muy bajas, mientras que podían oírse a la perfección todos los gritos en el interior del estadio. Más tarde los problemas llegaron hasta los propios comentaristas que perdieron la conexión entre ellos y no podían oírse el uno al otro. Con la periodista mezclada entre el público en ningún momento tuvieron una buena comunicación. La federación de tennis también debería tomar medidas contra la televisión argentina, pues eso no es de recibo en la final de un campeonato mundial. Sólo me cabe preguntarme si los comentaristas argentinos tenían los mismos problemas: de verdad que me gustaría saberlo.

>Lamentable retransmisión de la Copa Davis

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En el momento en que escribo esto todavía no ha terminado el segundo partido de la primera jornada de la final de la Copa Davis. El primer partido ha sido fulminante: David Nalbandian ha sido muy superior a David Ferrer, y es que Nalbandian, a pesar de ser el número dos de su país debido al ranking mundial (Del Potro, el número uno argentino ostenta el puesto número 9 de la ATP mientras el rey David ocupa ahora el número 11), es en realidad el líder del equipo por su experiencia en la Davis, y a pesar de estar por detrás de Del Potro, su tenis es aún superior al de éste. Nada que objetar con respecto a la afición argentina, impecable, tampoco respecto a la española, en minoría en Mar de Plata. Ambas se han comportado de una manera ejemplar que bien podrían observar las aficiones futbolísticas, más aún si tenemos en cuenta que en muchos lugares de las gradas argentinos y españoles están mezclados y no ha habido ni el más leve altercado.
Sin embargo hay que dar un rotundo cero a los realizadores argentinos. Está siendo un lamentable espectáculo las condiciones en las que están retransmitiendo los dos partidos de hoy de la final: imágenes cortadas en las que no podía verse el tanto que luego nunca ha sido repuesto a cámara lenta para solventarlo, planos generales de todo el estadio en tantos decisivos, desincronización entre imagen y sonido, retirada de los micrófonos a los comentaristas españoles para que se oyeran los gritos del público argentino jaleando a su tenista…
El momento más indignante ha llegado en el último set del primer partido. En primer lugar, hemos dejado de oír a los comentaristas españoles para que el sonido sólo nos hiciera llegar los gritos de los argentinos eufóricos por la inminente victoria de Nalbandian. Después de eso. Hemos asistido al lamentable espectáculo de ver cómo la hinchada argentina comenzaba a gritar celebrando la victoria de un tanto nada más sacar Nalbandian y antes de que Ferrer golpeara la bola, con la consiguiente molestia y desconcentración para éste último y sin que nadie hiciera nada al respecto. Afortunadamente he comprendido enseguida que nada debía achacarse a los argentinos, pues era la pésima realización la que había desincronizado imagen y sonido, haciendo que oyéramos las celebraciones antes de ver concluido el punto.
En fin, espero que mañana y pasado (sábado y domingo) hagan las cosas mejor y podamos disfrutar de unos partidos en condiciones. Por cierto, tal y como va el partido, es más que probable que Feliciano López empate la final y las cosas no sean tan de color de rosa para los argentinos como se las habían pintado tras la ausencia de Nadal.

>Los 350.000 euros de la vergüenza

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La premisa es bien sencilla: “350.000 euros bien podrían dedicarse a alguna de las doce causas que abandera Tele 5.” Y tienen razón. Aunque el creciente cinismo de la sociedad actual parece habernos dejado ciegos ante incongruencias de semejante tamaño. Muchos dirán: “Es su dinero, pues que hagan con él lo que quieran.” Probablemente los mismos que luego se quejan del declive televisivo (yo hace ya tiempo que dejé de quejarme y aprendí a encender la tele exclusivamente cuando emite algo que me interesa, por lo que casi siempre permanece apagada). Pero es que no tienen razón, y aunque a nivel monetario no podamos quejarnos pues es cierto que es SU dinero (faltaría que además fuera nuestro), también son un medio de comunicación y por lo tanto de difusión cultural (sic), y tanto Tele 5 como el resto de cadenas llevan ya mucho tiempo publicitándose como servicios públicos, por lo que podemos, al menos, exigirles cierto grado de conciencia moral. No pueden largarnos eso de la conciencia solidaria y luego gastarse una pasta en que un delincuente se explaye en su cadena para subir una audiencia sustentada en el morbo. Y ese es el objetivo con su entrevista a Julián Muñoz. Dar una millonada a un delincuente cuya condena ni siquiera ha concluido, reírse de todos nosotros. Pero no sólo eso, porque no importa con cuánta furia se quejen por ello: todos los que vean esa entrevista son cómplices de esta vergüenza, burla y estafa.
Otro título que por ahí han elegido para hablar de esto constituye una metamorfosis bastante acertada del título de la campaña solidaria de la cadena: “…doce meses, doce encausados.” Pues parece que ésa es la tónica en la que están entrando, llevar a delincuentes que activen las bajas pasiones de no sé que especie de pseudohumanos para ganar pasta. Y lo más triste de todo es que parece que les funciona, así de podrido está el asunto.
Lo que han planteado (y yo pienso hacerlo) es que a la hora de la citada entrevista a uno de los mayores ladrones del país (y la competencia es dura, en eso sí que parece que somos buenos) todos encendamos nuestros televisores y sintonicemos otra cosa (ya se sabe que mantenerlo apagado no cuenta, pues eso no se contabiliza), incluso durante los anuncios del programa elegido, nada de cambiar de cadena. Yo aún iría algo más lejos, para que quedara patente el enfado: sintonizar los progamas de mínima audiencia que se emitan a la misma hora de la entrevista. Ya puedo imaginármelo: los documentales de la dos con un share del 20% o el programa de las preguntas estúpidas de cualquier cadena con cuatro millones de espectadores. Sería increíble. Ya veríamos con qué cara presentaban luego los responsables de la entrevista esos números ante los directivos.
Aunque lo más problable es que en este agujero con aspiraciones de país hasta los perros estén viendo la entrevista de marras cuando llegue el momento. Aún así y todo es agradable soñar con ello hasta entonces, soñar con que exista aún un pequeño atisbo de inteligencia ahí afuera.

>Wimbledon 2008

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¡¡¡Rafael Nadal ya es campeón de Wimbledon!!!

Pues ayer me lamentaba yo de estar perdiéndome el txupinazo y ya me ha abroncado Galatea por ello. Si estuvieras en Pamplona te perderías la final de Wimbledon como me la he perdido yo, ha dicho. Y tenía razón. A pesar de que me tachen de ser un mal pamplonés, he de decir que al final me ha alegrado bastante perderme este año tan magno evento, porque así he podido disfrutar del que sin duda ha sido el mejor enfrentamiento habido entre Federer y Nadal, en el torneo más prestigioso del mundo, llegando el trofeo a manos de un español por primera vez desde 1966 y por segunda vez en la historia del torneo. Como todo el mundo sabe Wimbledon es el torneo negado a los españoles, que no parecen saber desenvolverse demasiado bien en esa superficie. Al menos hasta ahora, porque no sólo un español se ha llevado el gato al agua, sino que han sido ya bastantes los que han llegado a los últimos partidos del torneo. Puede que nuestro sino haya empezado a cambiar en este Gran Slam y, como ya ha anunciado Santana (el otro campeón), la victoria de Nadal haga que otros tenistas jóvenes españoles piensen que si él lo ha conseguido, por qué no ellos.

El partido comenzó con media hora de retraso a causa de la lluvia y se detuvo en otras dos ocasiones. En los dos primeros sets Nadal doblegó casi por completo a Federer que, a pesar de esa situación de desventaja en el marcador en la que se veía, estaba jugando realmente bien. He de reconocer que me perdí la mitad del segundo set porque en ese momento tuve que atravesar la ciudad (nunca el metro me ha parecido moverse tan despacio).

En el tercer set llegaron al tie break, situación en la que siempre me ha parecido que Federer tiene ventaja sobre Rafa, y efectivamente lo ganó, obligando así a jugar el cuarto set, en el que se desencadenó un nuevo tie break que fue a parar nuevamente a manos del helvético. Aunque en las declaraciones posteriores al partido Roger Federer dijo que Nadal nunca debió haber perdido el segundo tie break, que sólo lo perdió por ponerse nervioso, yo sigo creyendo que, llegados a la muerte súbita Federer es superior (aunque hay que reconocer que Rafa le sacó ventaja de 5-2 y luego permitió que el suizo la recuperara).

El quinto set sin lugar a dudas tenía que ser para Rafa. En los Gran Slam no hay muerte súbita en el quinto y hay que ganarlo por narices con una diferencia de dos juegos e, incluso sobre hierba, ahí es donde está la ventaja de Nadal sobre Federer. Y, efectivamente, terminó ganando el último set por 9-7. No quiero decir con esto que estuviera cantado, porque he de reconocer que yo sufrí lo indecible.

Así pues, el partido se saldó siendo el más largo de la historia del campeonato (cuatro horas y cuarenta y ocho minutos) y, según dicen, también el mejor (por cada buen golpe que daba uno, el otro daba uno mejor). Yo eso no puedo afirmarlo, pero puedo decir que fue espectacular y que voy a hacerme con la final entre Björn Borg y John McEnroe, para verla y poder comparar. Y que conste que eso es algo inaudito en mí.